A quien corresponda (carta desde la experiencia)

A quien corresponda:

Yo soy médico homeópata. En ese orden.

Estaba estudiando medicina allá en el año 1982 aproximadamente cuando en casa hubo una curación de esa que se pueden denominar casi milagrosa, en una hermana pequeña que la medicina oficial había condenado al deterioro progresivo y la casi invalidez, por una artritis reumatoide juvenil con poca respuesta al tratamiento de la medicina oficial. Mi madre, en activo por aquel entonces como profesional de la enfermería dentro del sistema público de salud andaluz, tuvo la idea (osadía, valentía, temeridad???) de no resignarse a los designios de la medicina oficial, y optó por llevarla a un médico homeópata de los pocos que por aquel entonces estaban en ejercicio, y tras una o dos dosis de un medicamento homeopático, que a mí por aquel entonces me sonaba a chino (Calcárea Carbónica M CH) del que mi hermana tomó unas pequeñas bolitas que sabían a azúcar según ella nos contó, desaparecieron por completo sus dolores y su inflamación articular, y lo que iba a devenir en una cuasi invalidez, se tornó en facilitar que una personalidad abierta y deportista, se pudiera manifestar en su plenitud y pudiera desarrollar sus posibilidades físicas en la práctica de varios deportes. Hoy, tras 35 años de aquel suceso, no ha vuelto a tener una sola manifestación reumática ni nada que se le parezca.

Yo por aquel entonces, todavía me encontraba sumida aún en la prepotencia y soberbia que caracteriza a la mayor parte de la clase médica, y no dí valor alguno a aquella curación por espectacular que pudiera parecer, de hecho ni siquiera me interesé por hablar del tema con el médico que la había tratado. Todavía andaba deslumbrada por las batas blancas, el halo de magia que exhalan los médicos en los hospitales, y el magnífico despliegue de analíticas, pruebas de imagen y de todo tipo que había que manejar para hacer un diagnóstico, que en aquel momento me parecían mucho más importantes que mirar la cara o el alma de los pacientes.

Pero a medida que iba avanzando en mi formación médica, sin yo realmente saberlo, iba creciendo mi desencanto. Siempre me preocupó quién era la persona que estaba detrás de la enfermedad, y me pareció que quizá desde donde mejor se podía estudiar a la persona era desde la psiquiatría, por lo que entré de alumna interna por oposición a esa cátedra, y comencé en 2ª de carrera a hacer prácticas en consultas psiquiátricas. Mi ilusión por hacer una historia clínica que reflejara quién era y cuál era el sufrimiento que aquejaba a la persona que tenía detrás de la mesa, se topaban tras dos horas con el paciente, con las preguntas del psiquiatra que supervisaba los tratamientos: ¿Duerme? ¿Come? ¿Da la lata en casa?…. para acto seguido recetar sistemáticamente Lorazepam, Noctamid, Denubil y cuatro o cinco fármacos más, que eran lo que todos se llevaban puestos para que estuvieran tranquilitos, fuera cual fuera la causa  de su problema y la historia que me hubieran contado.

Noches de guardias en el hospital en las que no nos dejaban acercarnos a un paciente e infinitas horas de estudio para conseguir grabar en mi cabeza mil y un gérmenes con sus características correspondientes, y mil y un medicamentos con sus fórmulas químicas, familias a las que pertenecen, modo de acción, indicaciones, interacciones y sobre todo, digo sobre todo porque a mí era lo que más me preocupaba, efectos secundarios. Cientos de efectos secundarios que me hacían plantearme que cómo iba a prescribir a una persona algo que le iba a dañar el hígado, el estómago o que le podía provocar en algunos casos incluso la muerte si me sobrepasaba con la dosis, o si se la administraba junto con otro fármaco que le provocara una interacción.

Y yo no encontraba que en ningún lado me hablaran del hombre enfermo. Muy al contrario: me hablaban de órganos, tejidos, células, moléculas… pero como si de un desgüace se tratara. Se experimentaba en laboratorio con partes de ese hombre y luego se extrapolaban resultados al hombre entero, o mucho peor, con animales vivos para luego llevar a la clínica los resultados solamente haciendo una adecuación a la diferencia de peso entre un ratón y un hombre. A mí aquello me repugnaba intelectualmente, pero no sabía por qué: no podía aceptar que eso fuera lo único que se podía hacer,  pero no me cabía entender lo que me pasaba.

Terminé mi carrera en el tiempo previsto habiendo dejado para Septiembre una sola asignatura y habiéndome suspendido también otra única asignatura en los seis años de estudio, con unos resultados en general bastante buenos, y me fui durante un verano a Pamplona a hacer un intensivo de preparación del MIR en la prestigiosa Universidad de Medicina de Navarra. Cuando regresé estaba tan perdida como al principio: había fijado muchos datos, muchas patologías y muchos tratamientos, pero eso no era lo que yo había entrado buscando en esa facultad.

Así que tras un primer intento sin éxito de sacar el MIR, mi madre tuvo de nuevo la idea (osadía, valentía o temeridad, no sé tampoco ahora cómo calificarlo) de decirme que hablara con un médico homeópata para que me informara sobre qué era la Homeopatía, y por tal de no oírla, quedé con él para tomar un café y que me comentara un poco de qué iba esto. Bastó una charla de quince minutos en una terraza de una cafetería, y una servilleta de papel en la que fue escribiendo los ocho principios fundamentales de la Homeopatía, (Similia similibus Curentur: lo semejante cura lo semejante, Vix Medicatrix naturae: la Naturaleza es la que hace y da forma a la enfermedad, Dosis Mínima, Individualidad Morbosa, Individualidad Medicamentosa, Experimentación Pura, Dinamismo Vital, y los Miasmas como clasificación de los tres modos genéricos de enfermar ) para que de pronto se me encendiera la luz, y me diera cuenta de que eso es lo que yo estaba buscando desde que entré en la carrera. Aquí se entendía la enfermedad como una manifestación hacia el exterior de algo que ocurría a un nivel más profundo, es decir a nivel dinámico, como un desequilibrio profundo que se reflejaba tanto a nivel orgánico, como tisular, analítico y por supuesto a nivel mental. Había que estudiar al hombre en conjunto para averiguar la imagen hacia el exterior que estaba proyectando la alteración de su energía vital, que es donde radica realmente la enfermedad, y había que buscar un medicamento que, experimentado previamente en personas sanas, hubiera manifestado la posibilidad de producir ese conjunto de síntomas, pero se le administraba en dosis tan pequeñas, que hacía que no sólo no agravara su enfermedad, sino que despertaba la reacción curativa del organismo, sin dejar secuelas o efecto secundario alguno.

Eso me sedujo. Lo reconozco. Y desde entonces han pasado ya 32 años de estudio continuado, porque es muy muy complejo conocer el alma humana, escuchando día tras día a personas que vienen rebotadas de la medicina oficial, desencantadas por los resultados que la plurifarmacia les ha proporcionado, y tratando de entender quién es la persona que está detrás de esos síntomas, para darle una pequeña dosis del remedio que más se asemeje a su padecimiento. Trabajando sólo en lo privado, día a día, en solitario. Comiéndome mis dudas hasta encontrar el modo de resolverlas, pasando a veces incluso miedo por tener que aguantar hasta que el paciente reaccionara, y feliz cuando conseguía  su curación, y por supuesto estudiando cada día, año tras año sin parar. Y pagando religiosamente cada curso al que he asistido. Sin ir a congresos pagados por multinacionales de fármacos, sino de mi propio bolsillo. Pagando el Colegio de Médicos que se supone me respaldaba, y pagando los impuestos correspondientes para ejercer dentro del marco de la sanidad privada, con todos los requisitos de la ley.

Mis compañeros de promoción hoy son jefes de Servicio o jefes de Departamento, tienen sus buenos sueldos y se pegan sus buenos viajes a Congresos por todo el mundo, con coste cero, y están pensando el tiempo que les queda para jubilarse, y la pensión que les va a quedar entre lo que han cotizado y el mullido plan de pensiones que han ido acumulando. Yo tengo una consulta alquilada, por la que un buen mes no saco más que un sueldo bastante discreto, y los meses de vacaciones tengo que seguir pagando alquiler, secretaria e impuestos, sin ver un euro. Por supuesto las pagas extraordinarias no forman parte de mis posibilidades, y para mí una baja es, como decía el anuncio, una mujer bajita. Pero hasta ahora era feliz con mi trabajo, y me sentía muy satisfecha con lo que hacía porque siempre he creído en ello.

Pero ahora, tras tantos años de ejercicio, resulta que en los medios dicen que soy poco menos que una sinvergüenza. Empezaron diciendo que la Homeopatía es placebo porque las dosis que utilizamos no pueden demostrar que existan por las leyes de la física newtoniana. Luego salieron los pseudoescépticos diciendo que la Homeopatía no es científica y que nuestros medicamentos pueden ser peligrosos para el que los toma ya que no tienen estudios científicos que avalen su eficacia (¿en qué quedamos? ¿son placebo porque no tienen nada o son potencialmente peligrosos?? ). Luego empezó el dominó de la caída de los Másters de las diferentes universidades españolas, porque si la Homeopatía no es científica no puede tener cabida en el Santa Sanctorum de la ciencia que es la Universidad, así que nos dejaron sin poder formar a nadie en nuestra medicina. Y luego los Colegios Médicos nos dejaron de avalar y nos rechazan como apestados, cuando hasta hace poco nos habían aceptado con cordialidad, entendiendo que aún con diferente visión de lo que es la salud y la curación, somos colegas con la misma finalidad que es buscar ayudar a los pacientes en el transcurso de su enfermedad, y llevarlos a ser posible de la forma más rápida y suave a ser posible, hacia el restablecimiento de su salud. En cambio hoy nos miran como proscritos, sospechosos, delincuentes, aprovechados…. Nos niegan el pan y la sal y a todas luces cuestionan nuestro modo de actuar.

Y yo me pregunto, ¿qué es lo que ha ocurrido para que se haya producido un cambio de actitud tan importante por parte de los representantes de la medicina oficial para tratar de eliminar del espectro de terapias a disposición de los médicos, de todo aquello que no huela a medicina química? ¿Se imaginan por un momento que el Estado nos obligara a vestir igual a todo el mundo, o a comer sólo los alimentos que ellos dijeran?? Y por más vueltas que le doy llego a la conclusión de que la tendencia a ir contra todo lo que no sea medicina alopática me parece que apesta a intereses farmacéuticos: y es que cada vez hay mayor número de personas con nivel alto de formación y en países desarrollados, que solicitan un tratamiento integral que está muy lejos del que ofrece la medicina que impera en Occidente. En el mismo saco han metido a la Homeopatía, a la Acupuntura, la Fitoterapia y hasta el Psicoanálisis. Sólo quieren que se medicalice a todo el mundo y desde la más tierna infancia, incluso por situaciones que ni siquiera son patológicas (¿qué decir de casos como el TDHA que recomiendan medicar a los niños para que están quietos y no molesten a los padres que no pueden o no saben atenderles, o de una depresión reactiva tras un fallecimiento por ejemplo, que desde el criterio alopático habría que tratar con antidepresivos, evitando que se realice el duelo, y prolongando en el tiempo las consecuencias del mismo??)

Y ¿cuántas veces nos hemos encontrado que lo que está fervientemente recomendado por la sanidad oficial, queda proscrito al cabo de un tiempo, por las consecuencias negativas que se ha visto ha ocasionado a la población?  O ¿cuántas veces se ha anunciado una epidemia de gripe que iba a diezmar a la población y cuando se ha conseguido que los gobiernos compraran toneladas de vacunas y la empresa distribuidora se ha frotado las manos con los pingües beneficios obtenidos, la epidemia no ha pasado de la importancia de un resfriado?

No podemos ni debemos caer en manos de lo que las farmaceúticas quieren que hagamos. Su negocio es vender, y mientras más enfermos estemos, más venden, por lo cual, los médicos deseamos que los pacientes se curen, pero las farmacéuticas necesitan que consuman fármacos, con lo que ya sabemos cuáles van a ser sus recomendaciones. Si el criterio médico queda en entredicho y se nos obliga a prescribir lo que digan las farmacéuticas, desconozco para qué es necesaria la figura del médico. Si sólo hay que recibir al paciente, (no digo ver porque muchas veces en la sanidad pública ni se le mira a la cara), pedirle una batería bien amplia y estandarizada de pruebas, y llegado el momento de tener un diagnóstico, el tratamiento no tiene elección, cualquier programa informático podría sustituir la cada vez más deshumanizada figura del médico. Y el paciente se seguiría encontrando huérfano si no hay nadie que le atienda y le entienda como un ser completo en una fase de sufrimiento.

La sociedad está cada vez más enferma, no hay duda de ello. Por muchos avances que esté teniendo la medicina oficial en cuanto a investigación y tecnología, las tesis en las que se basa la medicina alopática que llevan a escindir al paciente cada vez en más partes, y que cada una la lleve su superespecialista, (ya no hay traumatólogos sino especialistas en hombro, rodilla, cadera, ya no hay endocrinos sino especialistas en tiroides, ovarios, páncreas….. y así cada vez será mayor la fragmentación a la que sometan al hombre) conlleva el que ninguno atienda al ser humano. Y por mucho que nos traten de impresionar con todo el arsenal de aparatos super-sofisticados y con las investigaciones más ultramoleculares para buscar el origen de la enfermedad, por más que lleguen con tecnología de última generación a lo más profundo de la materia, jamás encontrarán lo que buscan porque la enfermedad se manifiesta en lo material, pero su origen está en la energía: aunque creamos que somos materia, somos energía.

El tiempo y las investigaciones de la física nos irán dando la razón. Pero mientras tanto me gustaría levantar mi voz contra la caza de brujas que se ha organizado últimamente contra las medicinas alternativas. Se han publicado críticas despiadadas y difamatorias en todos los medios, y se ha hablado en todas las tertulias del pobre niño italiano que ha fallecido mientras se trataba con Homeopatía. Sin duda su médico posiblemente erró con el tratamiento que le puso y no rectificó a tiempo cuando vió que la evolución no era la adecuada, bien cambiando el remedio homeopático a otro más adecuado a su cuadro, o bien si la reacción no era favorable, a un antibiótico si hubiera sido preciso. Como bien dije al principio somos Médicos en primer lugar, y la curación del paciente está por delante de cualquier otro criterio. Pero hay un doble rasero que nadie tiene en cuenta y que me parece tremendamente sesgado y peligroso: si alguien fallece mientras utiliza medicina alternativa, la culpa la tiene el tratamiento que sin duda no es el adecuado, pero si fallece en los brazos de la medicina oficial, es porque ya se hizo todo por él, y la enfermedad no hubo modo de controlarla. A modo de ejemplo recordemos el cáncer de páncreas que acabó con Steve Jobs y el que se llevó a Rocío Jurado, y el diferente tratamiento mediático que se les dio a ambos.

Ya no solo como profesional, también como paciente reivindico mi derecho a elegir con qué tipo de medicina me quiero tratar, y quiero que se puedan tratar mis hijos y mis nietos el día de mañana. No quiero pensar que si un día me pongo enferma, no tenga alternativa de decidir que no quiero medicamentos químicos en mi tratamiento. Mis hijos decidirán cómo se quieren tratar en el futuro, y cómo quieren tratar a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Pero tienen que tener la posibilidad de elegir. Tenemos que negarnos como personas inteligentes a aceptar que bajo criterios interesados, revestidos de titulares efectistas, nos impongan un pensamiento único. Y hago una llamada a los profesionales de los medios de comunicación para que no se dejen embaucar por las noticias que se publican sin pasarlas por el tamiz de cuestionarlas y mirarlas con una cierta desconfianza, antes de darlas por válidas y pasar la apisonadora por encima de las personas que trabajamos y  luchamos día a día por la salud de nuestros pacientes. Desde nuestra perspectiva y nuestro criterio. Libre y tan válido como el de cualquiera.

Reivindicamos la libertad en todos los aspectos, y yo reivindico la libertad de elección por parte del médico, de la terapia que considera más beneficiosa para su paciente, y en lo relativo al paciente, la posibilidad de decidir con qué tipo de terapia quiere tratarse. Como en cualquier parcela de la vida, elegimos libremente, y así debe seguir siendo. Elegimos coche, elegimos casa, elegimos la ropa que nos ponemos…. Está claro que hay que exigir unos estándares de calidad para poder elegir con garantías. Pero precisamente por eso veo tan contradictorio cerrar las puertas a la formación de los profesionales: muy al contrario, habría que abogar por una exquisita formación de los médicos que quieran optar por ejercer otro tipo de terapias, tanto en la medicina oficial como en aquella que consideren más cercana a su criterio. Y garantizar desde el Estado la investigación de calidad en otras alternativas a la sanidad operante, que las hay, y mucho menos costosas para las arcas públicas, y sobre todo, mucho más beneficiosas para nuestros pacientes.

Espero que al menos, mis palabras le hagan pensar. Gracias por su tiempo y por su atención. Un cordial y esperanzado saludo

Dra. Mª Jesús Galán Dueñas

Colegiado 4109943

Homeopatía en los Ilustres Colegios Oficiales de Madrid y Las Palmas

COMUNICADO SOBRE LA DECISIÓN ADOPTADA POR LOS COLEGIOS DE MÉDICOS DE MADRID Y LAS PALMAS EN RELACIÓN CON LAS SECCIONES DE HOMEOPATÍA

Madrid, 19 de mayo.- La Academia Médico Homeopática de Barcelona (AMHB), la Federación Española de Médicos Homeópatas (FEMH) y la Sociedad Española de Medicina Homeopática (SEMH), órganos que representan a todos los médicos homeópatas en nuestro país, lamentamos la decisión de prescindir de sus respectivas comisiones de homeopatía, adoptada por dos colegios oficiales de médicos, Madrid y Las Palmas.

Consideramos que su existencia es positiva para los profesionales, pero sobre todo es una garantía de seguridad para los pacientes, porque esto implica que quienes les atienden están sometidos a las mismas normas deontológicas que el resto de colegas y que su práctica clínica está tutelada por el organismo.

Los médicos que incorporamos la homeopatía en nuestra práctica somos, ante todo, médicos y nos hemos formado en las mismas facultades que el resto. Porque Medicina solamente hay una y la homeopatía es una herramienta terapéutica más a tener en cuenta, legítima y con base científica, y que cuenta con medicamentos totalmente regulados en España y en Europa, incluso formando parte de las prestaciones públicas en algunos de los países más avanzados de nuestro entorno. 

Y es que la realidad muestra que actualmente esta terapia es empleada por más de 400 millones de personas en el mundo. Tan sólo en nuestro país, la utilizan alrededor de 15 millones de personas y la recomiendan más de 10.000 médicos. Esta realidad muestra un interés creciente en la práctica de una medicina más integrada contemplando las diferentes disciplinas al alcance de los facultativos y de la población. Una tendencia que ya identificó la propia Organización Mundial de la Salud (en su documento 2014) cuando sugirió a los países la incorporación de estas terapéuticas, entre ellas la homeopatía.

Por estos motivos, defendemos y reivindicamos la continuidad de las comisiones y secciones de homeopatía en los colegios de médicos españoles. Sólo así se podrá garantizar la buena praxis profesional de los médicos que empleamos esta terapia que tiene cada vez mayor respaldo en la población. Consideramos que profesionales debidamente formados y capacitados, son los que mejor pueden atender a estos pacientes quien, una vez informados, elegirán libremente complementar el tratamiento con esta terapia.

Gránulos de Historia 1

Nuestra compañera la Dra. Inmaculada González-Carbajal García, Médico Homeópata, Doctora en Medicina, Licenciada en Historia y autora del libro “La Homeopatía en España, cien años de Historia”, comenzó a publicar estos “Gránulos de Historia” en el Facebook de ésta Federación en noviembre de 2015, para acercarnos a hechos y personajes relevantes de la Homeopatía en un formato corto y ameno.

Hoy publicamos en éste blog el primero de esos “gránulos”.

Un hecho de la historia de la homeopatía que nos invita a reflexionar en tiempos de crisis.
El Dr. Conde Sébastian Des Guidi (Nápoles 1769-Lyon 1863) fue el introductor de la homeopatía en Francia. La conoció en Nápoles cuando su esposa, aquejada de una grave enfermedad de la que no recuperaba con los medios de la medicina tradicional, decidió acudir a un amigo suyo, el Dr. Cimoni, quien le planteó la posibilidad de aplicar una “nueva medicina” que también practicaba el Dr. Romani. Ante la gravedad de la situación el Dr. Des Guidi acudió a ver a Romani buscando remedio para su esposa, éste prescribió Belladona para la fiebre cerebral de la enferma y después de un proceso en el que hubo un agravamiento inicial, la paciente se recuperó. El Conde Des Guidi, impresionado por el efecto del nuevo medicamento decidió estudiar homeopatía con los doctores Romani y Horatiis y cuando regresó a Lyon empezó a ejercerla. Más no solo eso, también la defendió ante los médicos que mostraban su recelo ante la novedad, en un interesante documento que lleva por título “Carta sobre la homeopatía dirigida a los médicos franceses”, en ella hace una crítica a las resistencias de los médicos para aceptar las novedades, defiende los éxitos de la homeopatía y la necesidad de convencer con los hechos porque “el camino de las experiencias directas se halla al alcance de todo el mundo, es fácil, seguro y sin riesgo”.

Con este “Gránulo de historia” inauguro una nueva sección en este facebook para conocer datos interesantes de la historia de la homeopatía que, a ser posible, nos inviten a reflexionar, para eso ha de servir la historia. Para saber quiénes somos, de dónde venimos y en qué podemos mejorar el presente.

Autora: Dra. Inmaculada González-Carbajal García.

Publicado en Facebook: https://goo.gl/eF18Al

Editorial de Univadis y Pseudociencia

Hoy me ha sorprendido el editorial de Univadis del 2 de mayo, que versa sobre “El Futuro de la Medicina”. En él se hace un ejercicio de imaginación para, a partir de los avances acaecidos a lo largo de la historia, tratar de predecir el futuro de la misma. Me gustaría compartir con ustedes mis pensamientos surgidos de su lectura.

Evidentemente, “La Medicina ha cambiado nuestras vidas y lo seguirá haciendo… pero indudablemente la Medicina nunca permanecerá estática”, aunque esto no sea aceptado por algunas instancias del establishment sanitario actual que, con la colaboración de ciertos medios de comunicación, grupos de pseudoescépticos y algunos dirigentes del estamento médico, están empeñadas en hacer desaparecer de España las Medicinas Tradicionales y Complementarias (TMNC) (reconocidas y así llamadas por la Organización Mundial de la Salud), yendo a contracorriente del resto de Europa (en algunos países están incluidas en los sistemas públicos de salud), de Estados Unidos (que las recoge dentro Consorcio Académico para la Medicina y Salud Integrativas: que incluye en torno a 70 universidades y hospitales de referencia –dato tomado del Dr. Marino Rodrigo-) y de otros 80 países en los que éstas terapias forman parte de la medicina y en algunos de las más utilizada (en México se inauguró recientemente el Hospital Homeopático Nacional).

Éstas instancias, olvidan que “… hay que partir de algo inamovible, del núcleo de la Medicina: el bien interno, lo principal que ha buscado y buscará siempre la Medicina, que no es otra cosa que la salud de las personas. Si volvemos a los orígenes de la Medicina, a su primer código ético, podemos leer en el Juramento Hipocrático (siglo V a. c.) “aplicaré mis tratamientos para beneficio de los enfermos”. Olvidan también que estas terapias no van a dejar de ser parte de la MEDICINA, porque su objetivo es el ya citado al comienzo de éste párrafo (y el parágrafo 1 del Órganon: “La única y suprema misión del médico, es la de restituir la salud del enfermo, lo que se denomina curar”), porque son efectivas y útiles y atienden, en primer lugar, al principio “primum non nocere”.

Continua más adelante el editorial diciendo que “En el campo de la curación, la investigación continuará siendo fundamental. Hay técnicas que hace años parecían de ciencia ficción y actualmente son una realidad. Por ejemplo, la manipulación genética de embriones para curar enfermedades o su selección para evitarlas. La tecnología aplicada a la Medicina no se restringirá a la genética, que indudablemente será la pieza clave de muchas dianas terapéuticas. Otras tecnologías como los implantes biónicos, la nanotecnología, la impresión de órganos con biomateriales o los esperados avances en terapias con células madre pueden cambiar por completo el enfoque de la enfermedad. Todo esto aterriza en la ya popular medicina personalizada, en la que a cada individuo se le trata de forma personal en función de sus dianas y peculiaridades moleculares. Los problemas de estas tecnologías futuribles son evidentes: conllevan un alto coste económico (lo que podría derivar en una Medicina para ricos completamente diferente) y, por otra parte, resulta muy complejo validar muchas de estas terapias científicamente.”

De éstos dos problemas que señala el editorial, me llama la atención el segundo, la dificultad para validar científicamente estas terapias (que según las directrices de esta suerte de inquisición científica, quedarían catalogadas de pseudociencias o pseudoterapias, y por tanto proscritas para su uso médico), la misma dificultad que se nos presenta a los médicos que, además de las técnicas convencionales (de las que el 85% no disponen actualmente de pruebas –mal llamadas evidencias-), utilizamos otras no convencionales para validar científicamente nuestra práctica (de las que existen pruebas aunque no suficientes – en el mismo 85% que la convencional-).

Esta dificultad común de validación está reconocida en la actual legislación española (Ley 29/2006 “de garantías…”): “El capitulo V regula las garantías sanitarias de los medicamentos especiales, entendiendo como tales a aquellos medicamentos que por sus características particulares requieren una regulación especifica. En esta categoría se incluyen las vacunas y demás medicamentos biológicos, los medicamentos de origen humano, los medicamentos de terapia avanzada, los radiofármacos, los medicamentos con sustancias psicoactivas con potencial adictivo, los medicamentos homeopáticos, los de plantas medicinales y los gases medicinales.” Las directivas europeas otorgan este mismo reconocimiento y obligan a los estados miembros a su regulación: “Un Estado miembro podrá abstenerse de establecer un procedimiento de registro simplificado especial de los medicamentos homeopáticos a que se refiere el artículo 14. El Estado miembro informará de ello a la Comisión. Dicho Estado miembro deberá permitir, en tal caso, la utilización en su territorio de los medicamentos registrados por otros Estados miembros con arreglo a los artículos 14 y 15.”(art.13.2-Directiva 2001/83/CE ).

Por tanto ¿Dónde está la dificultad para el reconocimiento de la Homeopatía (doblemente centenaria), Acupuntura (milenaria) y otras TMNC como práctica médica en España?

Está en el sesgo de aplicar interesada y selectivamente (a las técnicas citadas en el editorial no se las trata de igual manera) a éstas terapias unos supuestos dogmas de la MBE, que ya Sacket y Festein, padres de la misma, se encargaron de relativizar diciendo que la MBE “no es una medicina “basada en un libro de recetas” sino que requiere una estrategia de abajo arriba, que integre las mejores evidencias externas con la experiencia clínica individual y la elección del paciente”, condiciones que no necesitan interpretación.

Acabo con algo que el autor concluye, “La prevención deberá ir por dos caminos: uno intentará individualizar más las medidas de prevención…” uno de los pilares de la terapéutica Homeopática “…En segundo término, nos quedará por saber cómo afectan a nuestros organismo los nuevos alimentos y el cambiante medio ambiente en el que vivimos.” Uno de los detractores de estas TMNC pontifica en su libro sobre la bondad no probada de los transgénicos ¿no es esto también pseudociencia?

Francisco Bautista Sosa.

Medicina y Postverdad

Sobre el artículo de opinión del Filósofo Juan Ezequiel Morales en el diario “La Provincia”, de hoy 3 de mayo en Las Palmas de Gran Canaria.

Responde el autor a la serie de artículos, de personajes autodeclarados enemigos de la homeopatía y otros métodos terapéuticos médicos no convencionales (TMNC), recientemente publicados en diversos medios de comunicación, en los que se ataca sin argumentos válidos desde ningún punto de vista racional científico que justifiquen sus opiniones, y en los que las únicas fórmulas empleadas son la negación obstinada y elevar al ridículo las posiciones contrarias a sus dogmáticas ideas, lo que demuestra “el alto nivel de conocimiento” que tienen de estas medicinas tradicionales y complementarias (así llamadas por la OMS que puedes encontrar aquí)

El filósofo va desgranando y rebatiendo cada uno de los argumentos contrarios a la homeopatía de un conocido “pseudoescéptico” que no vale la pena citar. Como muestra les dejo este:

  •  “…Prosigue …, con gesto risible: Hablan de diluir muchas veces el concentrado de una cepa madre hasta que desaparecen las moléculas. Si no hay molécula no hay interacción, pero ellos dicen que esa agua se acuerda de que estuvo en contacto con aquella cepa madre y curará todo tipo de enfermedades… y afirma categórico: no hay memoria del agua, sin basarse en nada, sino en que no se ha hecho nada al respecto (está mal informado), pero admitiendo su objeción, esto se llama, en epistemología, “ceteris paribus”, y es la coartada de los científicos gandules”

Les invito a leer el artículo completo en el que también rebate los argumentos de otro médico canario…

Curso de Agrohomeopatía

 

La Federación Española de Médicos Homeópatas (FEMH) inicia un proyecto completo de formación en homeopatía y su aplicación en diferentes áreas con una dinámica presentación on line.
El primero que te proponemos es este curso básico de Agrohomeopatía.
Práctico, participativo y tutorizado.
Los BENEFICIOS son múltiples:
Para el PRODUCTOR, EVITA TOXICIDAD
Para el PRODUCTO, es SANO Y DE CALIDAD
Para el USUARIO, GANA en SALUD
De interés para toda aquella persona que desee un planeta más ecológico y sostenible.
Fecha de inicio: 18 de Abril de 2017
Tutora: Niurka Meneses (Investigadora en el Dto. de Química y Bioquímica en la Universidad de Berna. Especialista en Agrohomeopatía)
El curso de agrohomeopatía básico está dirigido a profesionales y público en general.
Puedes informarte e inscribirte ya aquí   flecha

Homeopatía: soluciones para problemas de salud de final del verano y en otoño

La homeopatía se erige como una solución médica para aquellos problemas de salud que puedan surgir al final de las vacaciones y ante la próxima llegada del otoño. Un problema típico que puede manifestarse cuando finalizan las vacaciones es el llamado síndrome postvacacional. Se trata de un trastorno de tipo adaptativo de intensidad variable en función de las circunstancias de la persona y caracterizado por el fracaso de los mecanismos de adaptación al cambio que supone la reincorporación a la rutina diaria.

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Nuevo estudio revela que 99% de los médicos han recomendado remedios naturales para niños

Un nuevo estudio internacional de 582 médicos pediatras publicado hoy ha hallado que casi todos han recetado o recomendado un medicamento complementario y alternativo (CAM) para un niño durante el año pasado. El 99% de los médicos que participaron en el estudio habían recomendado un medicamento natural y 76%, un medicamento homeopático. El Profesor André-Michael Beer, a cargo del estudio, jefe de médicos del Departamento de Medicina Natural del Blankenstein Hospital, comenta: “La evidencia sugiere un aumento del uso de prescripciones de medicamentos naturales a los niños, pero este estudio nos muestra, por primera vez, la aceptación casi universal de la medicina complementaria y los factores que influyen en la toma de decisiones de los médicos”.

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“Los médicos que no hablen bien de la homeopatía es por desinformación”

Elena Echaide, médico homeópata, asegura que está familiarizada con las “bolitas” homeopáticas desde pequeña y que esta práctica terapéutica evitó que operasen a su hermana de la garganta en contra de la opinión de varios otorrinos y la suya propia. Se siente dolida por las duras críticas a la homeopatía pero defiende su profesión por la eficacia demostrada en sus pacientes.

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