RESPUESTA DE 300 HOMEOPATAS AL ARTICULO DEL PERIÓDICO LE FIGARO.

Publicamos una carta de los compañeros médicos homeópatas franceses en relación con un artículo publicado en el periódico Le Figaro

“Hoy, un grupo de médicos y profesionales de la salud se erigen como guardianes de la “ciencia”, negando así la capacidad de discernimiento de cientos de millones de pacientes de todo el mundo que usan la medicina alternativa.
Mientras que la OMS afirma que las medicinas alternativas tienen un lugar real en el sistema de salud, estos censores están arrojando a la basura todo lo que escapa a su visión de la medicina. Mencionan el juramento hipocrático, pero es por fidelidad a este juramento que los médicos homeópatas han elegido agregar largos estudios a su estudio clásico, para tratar a pacientes que no encontraron una solución satisfactoria a su sufrimiento. El enfoque homeopático, que tiene en cuenta la integridad y la individualidad del paciente, les ha permitido, al igual que sus predecesores a lo largo de los siglos, lograr notables éxitos terapéuticos.

Como cualquier médico, el homeópata hace un diagnóstico de la enfermedad y define las indicaciones y los límites de su práctica. Este es un paso esencial, pero su campo de experiencia complementario le exige dar un paso más para conocer al paciente y su forma personal de vivir su enfermedad. La prescripción del medicamento correspondiente a la totalidad del caso, ya sea aislada o complementaria a los tratamientos convencionales, es el resultado de un proceso riguroso y controlado.

Cómo ignorar la selección como una prioridad de salud pública de la homeopatía en la India, donde está representado por un ministerio específico. También está integrado en el sistema de salud pública en Brasil, Chile, México, Pakistán, Suiza …

Todo el mundo sabe que la homeopatía no tiene efectos secundarios tóxicos cuando se prescribe de acuerdo con reglas claramente establecidas. Esta es una de las razones de su creciente éxito entre los pacientes, que buscan tratamientos sin efectos secundarios.

Hacer a las medicinas alternativas responsables de la desconfianza de la opinión pública con respecto a la medicina convencional es la forma ilusoria de desviar los verdaderos problemas de responsabilidad en el actual contexto de escándalos de salud pública. 10.000 muertes al año en Francia debidas a la toma de medicamentos mal dosificados, mal asociados, a pesar de las reglas de precaución. 1.783.000 muertes por año en los EE. UU., directamente atribuibles a la medicina convencional.  Un error médico cometido por un homeópata será objeto de una campaña de desprestigio del método, ¡aunque no por nada!.

Con un tubo de gránulos homeopáticos que cuesta en promedio 2 euros, estamos lejos de la cuenta si lo comparamos con el precio desorbitante de ciertos tratamientos. Si sumamos los costos también faraónicos relacionados con las complicaciones de los medicamentos, ampliamente documentados por el estudio estadounidense mencionado anteriormente, se vuelve gracioso decir que el reembolso de la medicina homeopática está desperdiciando dinero público. Con 200 millones de personas que se tratan con homeopatía en el mundo, el mercado homeopático representa solo el 0.3% del mercado mundial del medicamento.

La afirmación de que no hay evidencia de que la homeopatía sea efectiva se basa en un trabajo cuestionable. El Dr. Richard Horton, editor en jefe de la prestigiosa revista “The Lancet” declara que la mitad de la literatura es falsa, su colega la Dra. Marcia Angell, editora en jefe del New England Journal of Medicine, dice “que ya no es posible creer gran parte de la investigación “. Hoy en día, todas las autoridades de salud que legislan sobre la homeopatía se basan en dos metanálisis.

  • El primero es The Lancet publicado en 2005. El sesgo utilizado no se habría aceptado en ningún estudio de medicina convencional. Este sesgo era obvio para quienes se tomaron la molestia de no detenerse en la conclusión. Por lo tanto, se lanzó una campaña falsa en medios internacionales contra la homeopatía.
  • El segundo es el metanálisis del Consejo Nacional de Investigación de Salud y Medicina de Australia (NHMRC) de 2015. Excluye el 90% de los estudios proporcionados y se basa únicamente en 5 estudios seleccionados entre 1800. Este organismo aplicó una sucesión de filtros arbitrarios y criterios de fiabilidad que nunca se había aplicado a sí mismo y es el objeto de una segunda opinión.

El informe “Health Technology Assessment” de 2011 preparado en nombre de las autoridades sanitarias Suizas nunca mencionado por contra, que concluye la eficacia de la homeopatía!.

Si existe el efecto placebo en la homeopatía como en todo acto terapéutico, su eficacia observada desde hace más de dos siglos, independientemente de las culturas y en las patologías más graves, tanto en humanos como en animales y las plantas no pueden ser reducidas para este propósito. Al contrario de lo que se dice, hay una creciente evidencia sobre la eficacia de la homeopatía a pesar de los recursos ridículos asignados a esta investigación.

Los principales oponentes de la homeopatía de hecho ignoran todo acerca de esta medicina que tiene un cuerpo de conocimiento colosal que establece un enfoque experimental y que ha sido enriquecido durante dos siglos de observaciones clínicas.

Uno de los matemáticos más grandes del siglo XX, Alexandre Grothendieck analizó los descubrimientos del fundador de la homeopatía y se preguntó en estos términos sobre el cambio de paradigma que proponen a la ciencia:

  <<Esta nueva medicina que ha descubierto y desarrollado, y que al mismo tiempo me parece que contiene en germen una nueva ciencia de vastas dimensiones, va resueltamente en contra de las grandes corrientes de pensamiento que han dominado su tiempo como todavía dominan, casi por completo, el nuestro, y especialmente la medicina y las ciencias naturales como la química y la física. Funciona con ingredientes activos tan sutiles, obviamente extramateriales, que su terapéutica (cuyo éxito, que es sorprendente en ciertas condiciones donde la medicina tradicional es impotente, ha sido evidente durante más de un siglo y medio), es un desafío permanente a las ideas probadas (¡y especialmente inmateriales!) que han fundado la química, la física, la biología y la fisiología durante dos siglos; un desafío que la “ciencia” hasta hoy todavía ha preferido ignorar con soberbia, en lugar de enfrentarse a ella (a riesgo de tener que replantearse de arriba abajo …).>>

La realidad es que hoy en día, la mayoría de los homeópatas practican en un espíritu de confraternidad con sus colegas “alópatas”. Los ejemplos de colaboración exitosa en el contexto de los servicios de Medicina Integrativa están creciendo en número y muestran no solo un aumento en la calidad de vida de los pacientes tratados por cáncer, sino también, y sobre todo, una ganancia en las oportunidades de supervivencia en la vida.

En un momento en que la resistencia a los antibióticos, la explosión de enfermedades crónicas y el aumento de los costos de la salud son una gran preocupación para el mundo médico y político, ¿no es hora de unir todas las fuerzas, dialogar y profundizar en nuestras complementariedades, en lugar de separarnos? .

Si queremos hacer frente a los muchos desafíos de salud que le esperan a la humanidad, aunque solo sea a causa de los desastres ecológicos, ¿es suficiente el modelo hegemónico de la alopatía, erigido en “pensamiento único”?.

Dr. Edouard BROUSSALIAN

Dr. Florina CARAT

Dr. Chantal CHEMLA

Dr. Bénédicte GOUDARD

Dr. Yves MAILLE

Dr. Philippe MARCHAT

Dr. Pierre POPOWSKY

Dr. Jean-Claude RAVALARD

Dr. Philippe SERVAIS

Dr. William SUERINCK

Dr. Michel de LORGERIL

Dr. Christine PAVON

Dr. Vincent RELIQUET

BIBLIOGRAFIA.

  1. https://www.vidal.fr/actualites/22641/collectif_bon_usage_du_medicament_premiers_resultats_10_nouvelles_pistes_d_amelioration/
  2. http://www.lifeextension.com/magazine/2004/3/awsi_death/Page-01
  3. https://www.hri-research.org/resources/essentialevidence/use-of-homeopathy-across-the-world/
  4. http://www.thelancet.com/pdfs/journals/lancet/PIIS0140-736%2815%2960696-1.pdf
  5. Seleccionados 8 estudios doble ciego para homeopatía frente a 6 para tratamiento convencional y sin criterios de individualización. A pesar de esta gran desventaja, si cambiamos un solo estudio entre los 8 llamados “alta calidad”, los resultados se revertirían. En este estudio falla en el “análisis de sensibilidad”.
  6. https://www.hri-research.org/resources/homeopathy-the-debate/the-lancet-paper-by-shang-et-al/
  7. Por ejemplo, solo se seleccionaron los estudios realizados en grupos de más de 150 pacientes, mientras que el propio NHMRC realiza estudios regulares en grupos de menos de 150 pacientes … Podemos cuestionar la relevancia científica del enfoque, y más aún cuando sabemos que los primeros resultados mostraron resultados a favor de la efectividad de la homeopatía y que este estudio es actualmente el tema de una segunda opinión.
  8. http://www.who.int/traditional-complementary-integrative-medicine/en/

Carta al Presidente de la OMC. Por Isabel Romero de la Osa

A/A  Dr. Serafín Romero, Presidente OMC

Muy Sr mío:

Soy médico licenciado por la Universidad de Sevilla y homeópata  titulado por la misma universidad.

Conocí la Homeopatía por casualidad, como muchos de los que la prescribimos, ya que no tuvimos la fortuna de ser, al menos, informados de la existencia de esta opción terapéutica en nuestros años de formación como médicos.

Mi experiencia con esta terapia fue como paciente. Me sometí a ella dudando de su eficacia, pero tratando de darme una oportunidad de curación que no había conseguido ni  había posibilidades de conseguir aplicando los conocimientos adquiridos durante mi formación médica. El resultado fue asombroso en 15 días había salido de una enfermedad que llevaba años padeciendo. Y no fue efecto placebo, no solo se  normalizó  mi estado físico sino las analíticas.

Si me formé en esta opción terapéutica no fue por enriquecerme, sino por ofrecer a mis pacientes una posibilidad de curación con la que anteriormente no contaba. No hubiera sido ético conocerla y no aplicarla.

Desde entonces he tratado y curado a personas y a animales, y si  no en todos los casos he conseguido los mejores resultados, puedo asegurarle que lo que ha fallado no ha sido el efecto placebo sino mi pericia al seleccionar el tratamiento más adecuado. No soy perfecta  aunque lo intento.

Resulta muy doloroso darse cuenta de que realmente has recibido una formación parcial, y que no se te ha preparado para curar sino para mantener una cantera de enfermos crónicos entre los que entran tus padres y tus hijos. Al principio piensas que tal vez tus profesores no conocían esta posibilidad, que transmiten un engaño que no saben que lo es  y te relajas, perdonas y te perdonas y tratas de seguir adelante con un cambio de actitud que la suerte te ha  permitido. Hasta das gracias a haber padecido aquella enfermedad que te llevó a este nuevo conocimiento.

Pero la actitud que están teniendo los representantes de los médicos, es decir USTEDES,   me hace pensar que el desconocimiento de otras terapias es  intencionado. Malintencionado.

¿Qué explicación tiene si no es así que a pesar de las múltiples pruebas de eficacia científica  que se les ha presentado sigan diciendo que no hay pruebas de efectividad?

¿Qué sentido tiene que no valoren los testimonios de pacientes curados y pidan estudios de laboratorio cuando la prueba definitiva de eficacia terapéutica es el resultado del tratamiento en los pacientes antes enfermos?

¿Por qué siguen diciendo que estas curaciones solo se deben al efecto placebo y no se dignan  mirar los cambios en las pruebas complementarias de los pacientes curados con homeopatía?

¿No se han preguntado nunca por qué el efecto placebo no se da con los medicamentos convencionales?  ¿Será porque el paciente confía más en su médico cuando este le prescribe homeopatía que cuando le prescribe un medicamento convencional?

¿Por qué funciona en bebés, animales y plantas?   ¿También por efecto placebo?

Y lo curioso de todo esto es que en su ataque a esta terapia se pavonean diciendo que lo hacen en beneficio de los ciudadanos.  O no tienen ustedes conciencia (probablemente la acalle algún donativo sustancioso por parte de algún poderoso interesado en  mantener la cantera de enfermos crónicos) o su ego es tan grande que NO les permite reconocer   que no están lo suficientemente formados para juzgar y mucho menos que pueden estar equivocados.

La verdad es que muy formados no pueden estar si siguen pensando que la partícula esencial  de materia sigue siendo el átomo. Para utilizar el número de Avogadro como justificación de que en las  diluciones homeopáticos no hay nada que justifique el efecto terapéutico su preparación en física y química se debe haber quedado en los conocimientos de principios del siglo XIX.

La medicina es  la ciencia de la salud. Debería estar en manos de personas que antes que nada buscan el bienestar físico y espiritual de los que acuden a ella. No son precisamente ustedes esas personas, pues desde el puesto que se han auto-concedido y desde el que deberían defender la ética y la deontología médica hacen todo lo contrario.

  • Llaman charlatanes a quienes curan sin producir efectos secundarios
  • Acusan de ladrones a quienes cobran por consulta mucho menos que ustedes.
  • Tratan de  forzar al médico a prescribir en contra de su ética y su moral
  • Dificultan el derecho constitucional del paciente a elegir la terapia que considere más conveniente
  • Se permiten, rebatir los consejos de la Unión Europea y la Organización Mundial de la Salud de introducir las terapias tradicionales de probada eficacia terapéutica, como la homeopatía, en las facultades y en la sanidad pública.

Y todo eso sin tener la suficiente preparación en el tema que atacan y sin el mínimo interés en tenerla, puesto que  si hubieran estudiado toda la información científica que se les ha hecho llegar habrían cambiado su actitud  Señores, ustedes piden pruebas  de que esta terapia  es eficaz, pero no se molestan en verlas o no quieren hacerlo

Como habrá podido averiguar por mis palabras no soy ajena a la problemática creada por ustedes contra las terapias diferentes de la convencional, tampoco a la evolución de esta problemática  desde que iniciaron su campaña de acoso y derribo.

El comunicado emitido por el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos subrayando su rechazo a la homeopatía  y en la que habla de prácticas invalidadas científicamente y considerando a la homeopatía como ajena a la ciencia y a la profesión ha  acabado con la poca empatía que podía tener con  los dirigentes de la OMC.

Ustedes mienten, mienten descaradamente. En ningún momento la Homeopatía ha sido invalidada científicamente más que por sus  sueños de que así sea.   Y puesto que , a su pesar, produce curaciones que la medicina que me enseñaron en la facultad no puede o quiere, no solo no es ajena a la profesión médica sino que debe ser de obligado aprendizaje

Ustedes mienten, mienten  interesadamente Utilizan su cargo contra lo que tienen que defender y  lo peor es que lo hacen en nombre de toda la clase médica sin haber contado con ella.  Ustedes no nos representan en  ningún momento, ni a mí ni a los que creemos que ser médicos es buscar lo mejor para nuestros pacientes.

No sé si darles la enhorabuena o mis condolencias, porque van ustedes a pasar a la historia ( mi enhorabuena) pero no como beneficiarios de la humanidad sino como aquellos que no dudaron en condenar a sufrir incluso a sus propios hijos (mis condolencias)

Dra Isabel Romero de la Osa Palacios. Médico y homeópata

Gránulos de Historia: Benitúa Iriarte, un paciente agradecido.

Benitúa Iriarte: un paciente agradecido.

Francisco Benitúa Iriarte estaba en Roma en la época de la invasión austríaca y, tuvo noticias de una nueva medicina llamada homeopatía que despertó su interés al punto de que decidió ir hasta Cöthen para conocer a su creador, el Dr. Hahnemann y solicitar que le tratara dado su delicado estado de salud. Le acompañaba su amigo Andrés Villalba que, posteriormente fue nombrado embajador de España en Nápoles y también manifestó un gran interés por la homeopatía ya que tradujo y publicó la “Carta a los médicos franceses” de Sebastian Desguidi.
Benitúa Iriarte empezó su tratamiento homeopático con Hahnemann y siguiendo sus consejos se fue a Lyon para continuarlo bajo el cuidado de Desguidi. Como reconocimiento a este último le donó 12.000 francos destinados al tratamiento gratuito de enfermos afectados por el cólera, la enfermedad que fue el gran azote del siglo XIX en Europa.

El agradecimiento de Benitúa Iriarte hacia la homeopatía lo expresó también en su interés por difundirla y dedicarse a su propagación. Para ello compró un gran número de ejemplares de “Enfermedades Crónicas” de Hahemann y de la “Carta” de Desguidi, con la intención de distribuirlas ambas entre los médicos españoles más notables de la época.

Benitúa Iriarte promovió la primera publicación periódica sobre homeopatía “Archivos homeopáticos”, una traducción de “Archives de la Médicine Homoeopathique” publicados en París bajo la dirección de J.L Jourdan.

Entonces como ahora, debemos tener en cuenta que la mejor propagación de nuestra medicina es el agradecimiento de nuestros pacientes. Los éxitos de la homeopatía curando las dolencias que la medicina oficial no puede curar, son el verdadero aval de nuestro trabajo. Los pacientes agradecidos son quienes mejor pueden defender la homeopatía y darla a conocer.

Autora: Dra. Inmaculada González-Carbajal García.

Publicado en Facebook el 6 de diciembre de 2015 : https://goo.gl/eF18Al

A quien corresponda (carta desde la experiencia)

A quien corresponda:

Yo soy médico homeópata. En ese orden.

Estaba estudiando medicina allá en el año 1982 aproximadamente cuando en casa hubo una curación de esa que se pueden denominar casi milagrosa, en una hermana pequeña que la medicina oficial había condenado al deterioro progresivo y la casi invalidez, por una artritis reumatoide juvenil con poca respuesta al tratamiento de la medicina oficial. Mi madre, en activo por aquel entonces como profesional de la enfermería dentro del sistema público de salud andaluz, tuvo la idea (osadía, valentía, temeridad???) de no resignarse a los designios de la medicina oficial, y optó por llevarla a un médico homeópata de los pocos que por aquel entonces estaban en ejercicio, y tras una o dos dosis de un medicamento homeopático, que a mí por aquel entonces me sonaba a chino (Calcárea Carbónica M CH) del que mi hermana tomó unas pequeñas bolitas que sabían a azúcar según ella nos contó, desaparecieron por completo sus dolores y su inflamación articular, y lo que iba a devenir en una cuasi invalidez, se tornó en facilitar que una personalidad abierta y deportista, se pudiera manifestar en su plenitud y pudiera desarrollar sus posibilidades físicas en la práctica de varios deportes. Hoy, tras 35 años de aquel suceso, no ha vuelto a tener una sola manifestación reumática ni nada que se le parezca.

Yo por aquel entonces, todavía me encontraba sumida aún en la prepotencia y soberbia que caracteriza a la mayor parte de la clase médica, y no dí valor alguno a aquella curación por espectacular que pudiera parecer, de hecho ni siquiera me interesé por hablar del tema con el médico que la había tratado. Todavía andaba deslumbrada por las batas blancas, el halo de magia que exhalan los médicos en los hospitales, y el magnífico despliegue de analíticas, pruebas de imagen y de todo tipo que había que manejar para hacer un diagnóstico, que en aquel momento me parecían mucho más importantes que mirar la cara o el alma de los pacientes.

Pero a medida que iba avanzando en mi formación médica, sin yo realmente saberlo, iba creciendo mi desencanto. Siempre me preocupó quién era la persona que estaba detrás de la enfermedad, y me pareció que quizá desde donde mejor se podía estudiar a la persona era desde la psiquiatría, por lo que entré de alumna interna por oposición a esa cátedra, y comencé en 2ª de carrera a hacer prácticas en consultas psiquiátricas. Mi ilusión por hacer una historia clínica que reflejara quién era y cuál era el sufrimiento que aquejaba a la persona que tenía detrás de la mesa, se topaban tras dos horas con el paciente, con las preguntas del psiquiatra que supervisaba los tratamientos: ¿Duerme? ¿Come? ¿Da la lata en casa?…. para acto seguido recetar sistemáticamente Lorazepam, Noctamid, Denubil y cuatro o cinco fármacos más, que eran lo que todos se llevaban puestos para que estuvieran tranquilitos, fuera cual fuera la causa  de su problema y la historia que me hubieran contado.

Noches de guardias en el hospital en las que no nos dejaban acercarnos a un paciente e infinitas horas de estudio para conseguir grabar en mi cabeza mil y un gérmenes con sus características correspondientes, y mil y un medicamentos con sus fórmulas químicas, familias a las que pertenecen, modo de acción, indicaciones, interacciones y sobre todo, digo sobre todo porque a mí era lo que más me preocupaba, efectos secundarios. Cientos de efectos secundarios que me hacían plantearme que cómo iba a prescribir a una persona algo que le iba a dañar el hígado, el estómago o que le podía provocar en algunos casos incluso la muerte si me sobrepasaba con la dosis, o si se la administraba junto con otro fármaco que le provocara una interacción.

Y yo no encontraba que en ningún lado me hablaran del hombre enfermo. Muy al contrario: me hablaban de órganos, tejidos, células, moléculas… pero como si de un desgüace se tratara. Se experimentaba en laboratorio con partes de ese hombre y luego se extrapolaban resultados al hombre entero, o mucho peor, con animales vivos para luego llevar a la clínica los resultados solamente haciendo una adecuación a la diferencia de peso entre un ratón y un hombre. A mí aquello me repugnaba intelectualmente, pero no sabía por qué: no podía aceptar que eso fuera lo único que se podía hacer,  pero no me cabía entender lo que me pasaba.

Terminé mi carrera en el tiempo previsto habiendo dejado para Septiembre una sola asignatura y habiéndome suspendido también otra única asignatura en los seis años de estudio, con unos resultados en general bastante buenos, y me fui durante un verano a Pamplona a hacer un intensivo de preparación del MIR en la prestigiosa Universidad de Medicina de Navarra. Cuando regresé estaba tan perdida como al principio: había fijado muchos datos, muchas patologías y muchos tratamientos, pero eso no era lo que yo había entrado buscando en esa facultad.

Así que tras un primer intento sin éxito de sacar el MIR, mi madre tuvo de nuevo la idea (osadía, valentía o temeridad, no sé tampoco ahora cómo calificarlo) de decirme que hablara con un médico homeópata para que me informara sobre qué era la Homeopatía, y por tal de no oírla, quedé con él para tomar un café y que me comentara un poco de qué iba esto. Bastó una charla de quince minutos en una terraza de una cafetería, y una servilleta de papel en la que fue escribiendo los ocho principios fundamentales de la Homeopatía, (Similia similibus Curentur: lo semejante cura lo semejante, Vix Medicatrix naturae: la Naturaleza es la que hace y da forma a la enfermedad, Dosis Mínima, Individualidad Morbosa, Individualidad Medicamentosa, Experimentación Pura, Dinamismo Vital, y los Miasmas como clasificación de los tres modos genéricos de enfermar ) para que de pronto se me encendiera la luz, y me diera cuenta de que eso es lo que yo estaba buscando desde que entré en la carrera. Aquí se entendía la enfermedad como una manifestación hacia el exterior de algo que ocurría a un nivel más profundo, es decir a nivel dinámico, como un desequilibrio profundo que se reflejaba tanto a nivel orgánico, como tisular, analítico y por supuesto a nivel mental. Había que estudiar al hombre en conjunto para averiguar la imagen hacia el exterior que estaba proyectando la alteración de su energía vital, que es donde radica realmente la enfermedad, y había que buscar un medicamento que, experimentado previamente en personas sanas, hubiera manifestado la posibilidad de producir ese conjunto de síntomas, pero se le administraba en dosis tan pequeñas, que hacía que no sólo no agravara su enfermedad, sino que despertaba la reacción curativa del organismo, sin dejar secuelas o efecto secundario alguno.

Eso me sedujo. Lo reconozco. Y desde entonces han pasado ya 32 años de estudio continuado, porque es muy muy complejo conocer el alma humana, escuchando día tras día a personas que vienen rebotadas de la medicina oficial, desencantadas por los resultados que la plurifarmacia les ha proporcionado, y tratando de entender quién es la persona que está detrás de esos síntomas, para darle una pequeña dosis del remedio que más se asemeje a su padecimiento. Trabajando sólo en lo privado, día a día, en solitario. Comiéndome mis dudas hasta encontrar el modo de resolverlas, pasando a veces incluso miedo por tener que aguantar hasta que el paciente reaccionara, y feliz cuando conseguía  su curación, y por supuesto estudiando cada día, año tras año sin parar. Y pagando religiosamente cada curso al que he asistido. Sin ir a congresos pagados por multinacionales de fármacos, sino de mi propio bolsillo. Pagando el Colegio de Médicos que se supone me respaldaba, y pagando los impuestos correspondientes para ejercer dentro del marco de la sanidad privada, con todos los requisitos de la ley.

Mis compañeros de promoción hoy son jefes de Servicio o jefes de Departamento, tienen sus buenos sueldos y se pegan sus buenos viajes a Congresos por todo el mundo, con coste cero, y están pensando el tiempo que les queda para jubilarse, y la pensión que les va a quedar entre lo que han cotizado y el mullido plan de pensiones que han ido acumulando. Yo tengo una consulta alquilada, por la que un buen mes no saco más que un sueldo bastante discreto, y los meses de vacaciones tengo que seguir pagando alquiler, secretaria e impuestos, sin ver un euro. Por supuesto las pagas extraordinarias no forman parte de mis posibilidades, y para mí una baja es, como decía el anuncio, una mujer bajita. Pero hasta ahora era feliz con mi trabajo, y me sentía muy satisfecha con lo que hacía porque siempre he creído en ello.

Pero ahora, tras tantos años de ejercicio, resulta que en los medios dicen que soy poco menos que una sinvergüenza. Empezaron diciendo que la Homeopatía es placebo porque las dosis que utilizamos no pueden demostrar que existan por las leyes de la física newtoniana. Luego salieron los pseudoescépticos diciendo que la Homeopatía no es científica y que nuestros medicamentos pueden ser peligrosos para el que los toma ya que no tienen estudios científicos que avalen su eficacia (¿en qué quedamos? ¿son placebo porque no tienen nada o son potencialmente peligrosos?? ). Luego empezó el dominó de la caída de los Másters de las diferentes universidades españolas, porque si la Homeopatía no es científica no puede tener cabida en el Santa Sanctorum de la ciencia que es la Universidad, así que nos dejaron sin poder formar a nadie en nuestra medicina. Y luego los Colegios Médicos nos dejaron de avalar y nos rechazan como apestados, cuando hasta hace poco nos habían aceptado con cordialidad, entendiendo que aún con diferente visión de lo que es la salud y la curación, somos colegas con la misma finalidad que es buscar ayudar a los pacientes en el transcurso de su enfermedad, y llevarlos a ser posible de la forma más rápida y suave a ser posible, hacia el restablecimiento de su salud. En cambio hoy nos miran como proscritos, sospechosos, delincuentes, aprovechados…. Nos niegan el pan y la sal y a todas luces cuestionan nuestro modo de actuar.

Y yo me pregunto, ¿qué es lo que ha ocurrido para que se haya producido un cambio de actitud tan importante por parte de los representantes de la medicina oficial para tratar de eliminar del espectro de terapias a disposición de los médicos, de todo aquello que no huela a medicina química? ¿Se imaginan por un momento que el Estado nos obligara a vestir igual a todo el mundo, o a comer sólo los alimentos que ellos dijeran?? Y por más vueltas que le doy llego a la conclusión de que la tendencia a ir contra todo lo que no sea medicina alopática me parece que apesta a intereses farmacéuticos: y es que cada vez hay mayor número de personas con nivel alto de formación y en países desarrollados, que solicitan un tratamiento integral que está muy lejos del que ofrece la medicina que impera en Occidente. En el mismo saco han metido a la Homeopatía, a la Acupuntura, la Fitoterapia y hasta el Psicoanálisis. Sólo quieren que se medicalice a todo el mundo y desde la más tierna infancia, incluso por situaciones que ni siquiera son patológicas (¿qué decir de casos como el TDHA que recomiendan medicar a los niños para que están quietos y no molesten a los padres que no pueden o no saben atenderles, o de una depresión reactiva tras un fallecimiento por ejemplo, que desde el criterio alopático habría que tratar con antidepresivos, evitando que se realice el duelo, y prolongando en el tiempo las consecuencias del mismo??)

Y ¿cuántas veces nos hemos encontrado que lo que está fervientemente recomendado por la sanidad oficial, queda proscrito al cabo de un tiempo, por las consecuencias negativas que se ha visto ha ocasionado a la población?  O ¿cuántas veces se ha anunciado una epidemia de gripe que iba a diezmar a la población y cuando se ha conseguido que los gobiernos compraran toneladas de vacunas y la empresa distribuidora se ha frotado las manos con los pingües beneficios obtenidos, la epidemia no ha pasado de la importancia de un resfriado?

No podemos ni debemos caer en manos de lo que las farmaceúticas quieren que hagamos. Su negocio es vender, y mientras más enfermos estemos, más venden, por lo cual, los médicos deseamos que los pacientes se curen, pero las farmacéuticas necesitan que consuman fármacos, con lo que ya sabemos cuáles van a ser sus recomendaciones. Si el criterio médico queda en entredicho y se nos obliga a prescribir lo que digan las farmacéuticas, desconozco para qué es necesaria la figura del médico. Si sólo hay que recibir al paciente, (no digo ver porque muchas veces en la sanidad pública ni se le mira a la cara), pedirle una batería bien amplia y estandarizada de pruebas, y llegado el momento de tener un diagnóstico, el tratamiento no tiene elección, cualquier programa informático podría sustituir la cada vez más deshumanizada figura del médico. Y el paciente se seguiría encontrando huérfano si no hay nadie que le atienda y le entienda como un ser completo en una fase de sufrimiento.

La sociedad está cada vez más enferma, no hay duda de ello. Por muchos avances que esté teniendo la medicina oficial en cuanto a investigación y tecnología, las tesis en las que se basa la medicina alopática que llevan a escindir al paciente cada vez en más partes, y que cada una la lleve su superespecialista, (ya no hay traumatólogos sino especialistas en hombro, rodilla, cadera, ya no hay endocrinos sino especialistas en tiroides, ovarios, páncreas….. y así cada vez será mayor la fragmentación a la que sometan al hombre) conlleva el que ninguno atienda al ser humano. Y por mucho que nos traten de impresionar con todo el arsenal de aparatos super-sofisticados y con las investigaciones más ultramoleculares para buscar el origen de la enfermedad, por más que lleguen con tecnología de última generación a lo más profundo de la materia, jamás encontrarán lo que buscan porque la enfermedad se manifiesta en lo material, pero su origen está en la energía: aunque creamos que somos materia, somos energía.

El tiempo y las investigaciones de la física nos irán dando la razón. Pero mientras tanto me gustaría levantar mi voz contra la caza de brujas que se ha organizado últimamente contra las medicinas alternativas. Se han publicado críticas despiadadas y difamatorias en todos los medios, y se ha hablado en todas las tertulias del pobre niño italiano que ha fallecido mientras se trataba con Homeopatía. Sin duda su médico posiblemente erró con el tratamiento que le puso y no rectificó a tiempo cuando vió que la evolución no era la adecuada, bien cambiando el remedio homeopático a otro más adecuado a su cuadro, o bien si la reacción no era favorable, a un antibiótico si hubiera sido preciso. Como bien dije al principio somos Médicos en primer lugar, y la curación del paciente está por delante de cualquier otro criterio. Pero hay un doble rasero que nadie tiene en cuenta y que me parece tremendamente sesgado y peligroso: si alguien fallece mientras utiliza medicina alternativa, la culpa la tiene el tratamiento que sin duda no es el adecuado, pero si fallece en los brazos de la medicina oficial, es porque ya se hizo todo por él, y la enfermedad no hubo modo de controlarla. A modo de ejemplo recordemos el cáncer de páncreas que acabó con Steve Jobs y el que se llevó a Rocío Jurado, y el diferente tratamiento mediático que se les dio a ambos.

Ya no solo como profesional, también como paciente reivindico mi derecho a elegir con qué tipo de medicina me quiero tratar, y quiero que se puedan tratar mis hijos y mis nietos el día de mañana. No quiero pensar que si un día me pongo enferma, no tenga alternativa de decidir que no quiero medicamentos químicos en mi tratamiento. Mis hijos decidirán cómo se quieren tratar en el futuro, y cómo quieren tratar a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Pero tienen que tener la posibilidad de elegir. Tenemos que negarnos como personas inteligentes a aceptar que bajo criterios interesados, revestidos de titulares efectistas, nos impongan un pensamiento único. Y hago una llamada a los profesionales de los medios de comunicación para que no se dejen embaucar por las noticias que se publican sin pasarlas por el tamiz de cuestionarlas y mirarlas con una cierta desconfianza, antes de darlas por válidas y pasar la apisonadora por encima de las personas que trabajamos y  luchamos día a día por la salud de nuestros pacientes. Desde nuestra perspectiva y nuestro criterio. Libre y tan válido como el de cualquiera.

Reivindicamos la libertad en todos los aspectos, y yo reivindico la libertad de elección por parte del médico, de la terapia que considera más beneficiosa para su paciente, y en lo relativo al paciente, la posibilidad de decidir con qué tipo de terapia quiere tratarse. Como en cualquier parcela de la vida, elegimos libremente, y así debe seguir siendo. Elegimos coche, elegimos casa, elegimos la ropa que nos ponemos…. Está claro que hay que exigir unos estándares de calidad para poder elegir con garantías. Pero precisamente por eso veo tan contradictorio cerrar las puertas a la formación de los profesionales: muy al contrario, habría que abogar por una exquisita formación de los médicos que quieran optar por ejercer otro tipo de terapias, tanto en la medicina oficial como en aquella que consideren más cercana a su criterio. Y garantizar desde el Estado la investigación de calidad en otras alternativas a la sanidad operante, que las hay, y mucho menos costosas para las arcas públicas, y sobre todo, mucho más beneficiosas para nuestros pacientes.

Espero que al menos, mis palabras le hagan pensar. Gracias por su tiempo y por su atención. Un cordial y esperanzado saludo

Dra. Mª Jesús Galán Dueñas

Colegiado 4109943