Las medicinas complementarias potencian el efecto terapéutico de los tratamientos convencionales

Me gustaría realizar algunas puntualizaciones al artículo aparecido el día 13 de noviembre en la sección de Sociedad de La Voz de Galicia titulado “Los médicos gallegos llevarán a la Fiscalía la práctica de pseudoterapias”. La réplica enviada fue recortada tanto en su título como en su contenido y publicada en cartas al director. Quiero dejaros la réplica completa.

Quiero empezar rescatando tres ideas importantes del artículo y que son nucleares en este debate sobre medicinas complementarias que lleva un tiempo en los medios de comunicación.

Existen medicamentos que se usan en las terapias complementarias que ayudan a la medicina convencional como, por ejemplo, los medicamentos homeopáticos.

Hay terapias que tienen resultados terapéuticos positivos y que han de ser aplicadas correctamente de acuerdo con sus indicaciones.

Existen también terapias en campos legítimos de estudio, con evidencias suficientes y validadas por la sociedad, que indican la importancia de seguir investigando. Es el caso de la homeopatía, por ejemplo.

Estas afirmaciones están avaladas con datos. Entre el 50 y 60 % de la población española, según la encuesta de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), confía, usa y está satisfecha con la medicina complementaria.

Los médicos que utilizamos las medicinas complementarias llevamos mucho tiempo solicitando completar nuestra regularización. Abogamos por no mezclar todo en el mismo saco y evitar así desinformar y confundir a los usuarios.

Hemos contado con el apoyo de los Colegios durante años, tanto es así que se crearon secciones médicas para precisamente evitar el intrusismo de personas no cualificadas en este campo.

El observatorio creado por la OMC debería incluir a expertos en las materias que están observando. Por otro lado, es necesario diferenciar prácticas médicas –“que no pseudomedicas”– de las que no lo son. La verdadera función de este Observatorio ha de centrarse en combatir el intrusismo médico. Los médicos no somos intrusos ni pertenecemos a ninguna secta ni pseudociencia y, es ahí, donde se ha de cambiar el enfoque del citado observatorio.

La actitud de los responsables de las instituciones colegiales debe ser velar por todos los colegiados. También cuando ejercemos en el campo de las medicinas complementarias como así estaba siendo.

Partiendo de que somos médicos y de que disponemos de amplios conocimientos, podemos determinar lo que es más conveniente para el paciente. Es por esto que no se registra pérdida de oportunidad terapéutica. Creemos que urge regular y reconocer el lugar que corresponde a los profesionales de CAM (Medicinas complementarias).

Científicos de gran prestigio mundial dirigen sus investigaciones hacia este terreno de las altas diluciones con resultados que confirman el porqué de su eficacia. No hay pocos estudios, hay cientos de estudios. Investigaciones de alta calidad que lo demuestran.

Los pacientes no abandonan sus tratamientos, complementan sus tratamientos, si su proceso está dirigido por un profesional cualificado. Un médico consigue que el paciente mejore y sea capaz de proseguir con su tratamiento.

Con respecto a los farmacéuticos, recientemente los vocales de Plantas Medicinales y Homeopatía han remitido un comunicado. Son 22.000 farmacias y 49.000 farmacéuticos apoyando la fitoterapia y la homeopatía. Son medicamentos regulados en una directiva comunitaria, por tanto su dispensación es perfectamente legal.

En conclusión, los pacientes se beneficiarán del uso de las medicinas complementarias siempre y cuando sean asistidos por médicos que ejerzan su práctica de forma ética y deontológica.

 

Mª Jesús Pita Conde

Master en Bioética

“A la ciencia lo que es de la ciencia y a la ética lo que es de la ética”. Carta abierta al Dr. Jerónimo A. Fernández Torrente, Tesorero del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos de España

“A la ciencia lo que es de la ciencia

y a la ética lo que es de la ética”

Distinguido colega:

En diciembre de 2016 remití carta a la Comisión Permanente de la Organización Médica Colegial (OMC) relativa a sus actuaciones contra el ejercicio médico no convencional (EMNC)1. A pesar de la recomendación del Código de dirimir las discrepancias en ámbitos colegiales y profesionales, Uds. las llevaron y las siguen llevando a la arena pública. En consecuencia, pública es la presente.

Huelga reiterar mi apoyo a la labor de la OMC en la defensa del interés sanitario de la población. Llevada a cabo por tan prestigiosa institución debe armonizarse exquisitamente con la deontología médica en todas sus actuaciones, las cuales, en ocasiones, pueden resultar polémicas. Pero una cosa es no agradar a todos cuando se toman decisiones institucionales y otra perjudicar a una parte de la profesión. En el origen de esta situación está la ausencia de un debate inclusivo sobre la ciencia, la libertad de prescripción, la ética médica y la autonomía del paciente, entre otras.  Más adelante volveré sobre esto. En su lugar, el ataque indiscriminado contra todo EMNC, convocando la supuesta autoridad ética de la ciencia.

La OMC, y Ud. particularmente, Dr. Fernández, mantienen casi un año después de aquella carta la misma línea de actuación. Dos hechos destacan en este período: la creación de un observatorio y su reacción personal al debate de la Comisión de Sanidad del Congreso sobre las pseudo-ciencias.

El Observatorio OMC contra las pseudo-ciencias... Gestado en insólita alianza con el movimiento auto-denominado escéptico, fuente de ofensa pública en medios, sitios y redes sociales contra médicos colegiados y usuarios. El mismo que han introducido Uds. (incluido un no facultativo) en la cocina de la profesión. Todo se ha dicho ya en mil foros pero seguimos sin saber qué entienden Uds., Dr. Fernández, y sus colaboradores, por “pseudo-ciencias”. Ni siquiera el documento que pretende justificar el ente en el sitio oficial de la OMC lo establece, como sí han “definido” lo que Uds. (¿quién si no?) “entienden” por pseudoterapias. Esta interesada ambigüedad de términos, la jerga utilizada en documentos, declaraciones y entrevistas, ciertas formas inciviles de referirse a profesionales y usuarios, la diferente consideración de qué asunto según quién lo lleve a cabo, el todo por la ciencia… El característico tufillo ideológico de dicho movimiento en la mismísima OMC.

Dudas razonadas y razonables no faltan respecto a que desde una organización médica nacional tengamos no ya que ocuparnos de “pseudo-ciencias”, sino de crear un ente en su contra. Intrusismo,  fraude sanitario, los productos milagro, el tarugeo, la medicina basada en la evil-ciencia, los excesos del sobre-diagnóstico y las consiguientes onerosas (estas sí, pseudo-) terapias, las prioridades asistenciales desplazadas por intereses comerciales… de acuerdo, todos a una contra todo ello. Pero ¿“pseudo-ciencias”? ¿Sigue Ud. tan convencido como parece, Dr. Fernández, de que la población tiene que “denunciar pseudo-ciencias” ante la colegiatura médica y ésta ante la fiscalía?; ¿de que también tenemos que hacerlo los médicos? ¡Observatorio contra las pseudo-ciencias, Dr. Fernández!, sin haber todavía ni definido el término (¿no es tan fácil de hacerlo como con pseudo-terapias?) ni justificado su pretendida necesidad de vigilancia médica colegial. La población, la masa crítica -una expresión favorita suya, a la que se nos ofrece el ente, no sabemos exactamente qué pretenden Uds. que denunciemos. Y lo que es peor, parece que en el observatorio tampoco lo saben (o se lo tienen muy callado).

Su reacción personal, su furibundo desacuerdo y malestar tras “debate y resultados” de la Comisión de Sanidad del pasado 22 de septiembre sobre, de nuevo, las pseudo-ciencias, En su opinión, se beneficia a quienes, siendo o no médicos y profesionales sanitarios, engañan y se lucran a costa de engañar a pacientes”2. De nuevo, la desafortunada ofensa indiscriminada.

Una opinión puede ser aceptable hasta que pretende fundamentar injusto perjuicio ajeno. Puede Ud. enfadarse con los políticos cuando no hacen lo que Ud. quiere, Dr. Fernández; mostrarse crítico con sus decisiones; calificar su actuación de “indecisa, irresponsable e ignorante”; negar su preparación para debatir ese tema… Faltaría más. Pero, ¿tiene que subscribirlas como OMC? Dicho de otro modo, ¿tenemos que aceptar todo el colectivo médico una opinión suya como colegial? En confianza, no, Dr. Fernández. En tales ocasiones, no está Ud. abordando asuntos profesionales o colegiales por el bien común corporativo y social. Está emitiendo opiniones ideológicas o políticas que deben quedar restringidas a su propio ámbito personal.

El Código de Deontología Médica (CDM), preciado referente de nuestras actuaciones profesionales. He aludido al debate entre ciencia, libertad de prescripción, ética médica y autonomía del paciente. Referido al ámbito del EMNC, he aquí el auténtico núcleo duro de todo este asunto. Considero ahora relevantes los dos primeros párrafos de su Artículo 26:

 1.- El médico debe emplear preferentemente procedimientos y prescribir fármacos cuya eficacia se haya demostrado científicamente.

2.- No son éticas las prácticas inspiradas en el charlatanismo, las carentes de base científica y que prometen a los enfermos la curación, los procedimientos ilusorios o insuficientemente probados que se proponen como eficaces, la simulación de tratamientos médicos o intervenciones quirúrgicas y el uso de productos de composición no conocida.

Una interpretación sesgada pretende reducir la ética del ejercicio médico al solo patrón oro de la mal llamada evidencia científica3. La misma interpretación quiere despojar de ética médica primero y eliminar después todo procedimiento insuficientemente probado por la vía de la asimilación a charlatanismo, simulación, “engaño a los pacientes”. Esto se parece horrores a la campaña indiscriminada en la que sigue Ud. prodigándose, Dr. Fernández4. Según esta insostenible interpretación, y como solo una pequeña parte del ejercicio médico convencional puede aportar suficiente evidencia, la mayor parte del ejercicio médico globalmente considerado carecería de ética, al basarse no en la ciencia sino en “creencias, convicciones, ideologías…”. Casi toda la medicina sería charlatanería, simulación, engaño. Un disparate. Preferentemente, Dr. Fernández, no exclusivamente.

Diario Médico, uno de los aliados mediáticos contra el EMNC. Hace semanas, su directora  publicó el artículo ¿Quién dicta la deontología?5, refiriéndose a notables en el proceso de debate y actualización del CDM promovido por la OMC, actualmente vigente. Entre otras cosas, leemos lo que me parece un destello racional en tiempos de tinieblas (el subrayado es mío):

Por la trascendencia del asunto, y sus implicaciones, deben ser médicos de prestigio profesional y expertos en deontología profesional y ser representativos de las diferentes especialidades médicas así como de las diferentes ideologías y creencias, por tratarse los médicos de un colectivo muy heterogéneo

A mayor (y anterior) abundamiento, hace diez años expresé que carecer de base científica no priva necesariamente de ética a ningún ejercicio médico6. De aquel artículo, en el que analizaba los aspectos éticos y legales del EMNC, la OMC en su sitio oficial y Ud. mismo en intervenciones públicas han tenido a bien entresacar argumentario en su literalidad para utilizarlo en su contra7. De igual forma, quizás podría considerar ahora, Dr. Fernández, lo que también expresé allí: que sería prudente conceder al EMNC un margen de confianza ética similar al que dispone el ejercicio médico convencional, mientras aspira a (y trabaja decididamente por) su validación científica. A mayor concreción, propuse que se tuviera en cuenta la opinión de los profesionales del EMNC en ulteriores actualizaciones del Código, de modo que su ejercicio profesional no quedase éticamente amenazado, descalificado por la sola limitación de su base científica.

La amenaza crece, la descalificación se amplifica y ejecuta. El EMNC está no solo éticamente amenazado, también profesionalmente. Aunque resulte menos aparente, también lo está el ejercicio médico convencional tal como lo conocemos, puesto que lo está la libertad de prescripción médica. La misma por la que la propia OMC tanto ha batallado justamente. Por la errónea, injusta identificación de la medicina empírica (la mayor parte de la medicina en todos los tiempos, actuales incluidos) con el charlatanismo. Por la ampliable asimilación de multitud de actuaciones médicas actuales, carentes de suficiente base científica, con “procedimientos ilusorios”. Por la futurible y odiosa robotización del médico, a quien solo se le permitiría hacer lo que dictaminen los prosélitos de una “omnis-ciencia” con intereses prioritarios muy alejados de la salud de las personas.

Llevada esta actitud, considerada desde ámbitos también convencionales de perfil inquisitorial, a sus últimas consecuencias, se deberá expedientar a cualquier médico cuyo ejercicio no se ajuste a esta “ética” médica parasitada por la omnisciencia supremacista. Se le podrá denegar su validación periódica colegial si una comisión deontológica lo decide -y con ello inhabilitarle profesionalmente, por cualquier ejercicio ilusorio sin suficiente base científica. No es difícil imaginar quién decidiría qué, quién y cuándo será suficiente. Y en esas estamos: mientras muchos piden el beneficio de la duda para el EMNC honesto hasta disponer de más estudios e investigación8, otros se aprestan a su eliminación. No debería mantener la OMC esta insensata acción fratricida indiscriminada con tan precarias justificaciones racional, deontológica y ética, Dr. Fernández.

Si la medicina fuera o tuviera que ser solo ciencia, bueno. Pero ni lo es ni tiene por qué serlo. La medicina es ciencia, sí, definitivamente, pero también conciencia del médico, arte, respeto por los valores y creencias de los pacientes, amén de toda una serie de prácticas, conocimientos, aptitudes, actitudes, habilidades, recursos y utilidades al servicio de la salud y la enfermedad de las personas que ni rinden ni tienen por qué rendir cuentas a una ciencia incapaz de fundamentar éticamente sus propios actos. Cuánto menos las actuaciones médicas. No obstante lo cual (quizás debido a ello), tenemos que atestiguar el vano intento de imponer el criterio de una ética médica absolutamente sometida a una ciencia sin credibilidad absoluta.

El tiempo apremia. Debe quedar quizás menos de un año del plazo que abrió la OMC para la actualización del CDM. Como colectivo profesional, tenemos la oportunidad de,

  • renunciar a interpretaciones sesgadas del articulado referente a la ética médica, en particular el 26.2, que pretenden justificar actuaciones. Inicialmente la eliminación del EMNC pero, en un segundo tiempo y con los mismos “argumentos”, la eliminación debería ser extensible a cualquier ejercicio médico que no se ajuste a tales interpretaciones,
  • o, mejor aún, actualizar su redacción en forma meditada, interdisciplinar, consensuada en base a los más elevados (y actualizados) criterios legales, deontológicos y éticos, de modo que nadie pueda nunca utilizar interesadamente el CDM contra la profesión colegiada.

Como sabe la opinión pública, las actuaciones de la OMC contra el EMNC se han concretado, entre otras, en la revocación de una de sus modalidades como acto médico; la negativa a acreditar (en ocasiones, simplemente permitir) en los colegios de médicos actividades de formación continuada en técnicas complementarias e integradas, a pesar de su reconocida necesidad y demanda; la fulminante, unilateral eliminación de comisiones y grupos de trabajo en los mismos colegios a los que se está obligado a pertenecer, y diversos expedientes en curso contra colegiados.

En resumen, Dr. Fernández, la ciencia como instrumento de conocimiento, no como juez de actuaciones médicas ni de su ética. La OMC al servicio de la legalidad y la protección sanitaria de la población, siempre, pero también valedora de una deontología no segregacionista, inclusiva de todo ejercicio médico honesto. Las declaraciones de nuestros representantes desde sus dignos cargos, esperadas y reconocidas cuando vienen inspiradas por una voluntad de servicio profesional, colegial y social, resultan perfectamente prescindibles como opiniones personales de perfil político o ideológico. Si, además, tales opiniones personales cristalizan en acciones que perjudican u ofenden a colegiados y a usuarios, son reprobables ambos, opiniones y su autor.

Finalmente, es tarea de toda la sociedad en su conjunto, y de nuestra colegiatura médica a la cabeza, la promoción de la autonomía y responsabilidad sanitarias de una población libre (no condicionada), responsable (no consentida), informada (no atemorizada) y legalmente protegida (no azuzada a la denuncia) en el uso de los recursos sanitarios disponibles, desplazando al mucho y muy rancio paternalismo residual disfrazado de supuesta protección de los pacientes.

Cuídese, Dr. Fernández.

Con todos mis respetos,

 

Marino Rodrigo

Médico Colegiado 313104259

Noviembre de 2017

 

Referencias

1http://www.medicinanaturista.org/images/revistas/mn11-1.pdf

2http://www.diariomedico.com/2017/09/22/area-profesional/sanidad/la-omc-muy-critica-y-decepcionada-con-el-abordaje-politico-de-las-pseudoterapias

3http://www.cgcom.es/noticias/2017/03/17_03_27_observatorio_contra_pseudociencias

4(…) y evitar caer en manos de los ‘charlatanes’ que las practiquen, aunque, en ocasiones, sean médicos u otros sanitarios. http://www.cgcom.es/noticias/2017/10/17_10_24_pseudociencias_pseudoterapias_intrusismo_y_sectas_sanitarias

 

5http://www.diariomedico.com/2017/09/09/opinion-participacion/reflexiones-en-el-ave/quien-dicta-la-deontologiar

6 Aspectos éticos y legales de la práctica médica no convencional. Puede leerse en: http://homeopatiaahora.blogspot.com.es/search?q=marino+rodrigo&updated-max=2010-04-21T17:57:00%2B02:00&max-results=20&start=7&by-date=false

7En un análisis crítico de las TTNC, el Dr. Fernández Torrente aludió a la ausencia de un campo asistencial delimitado, a la “notable fragmentación” de técnicas y procedimientos; a la “incertidumbre como condicionante de sus actuaciones asistenciales ante la escasez de evidencias científicas que la avalen”; a la “carencia de controles de calidad internos y externos”, objetivos y contrastables en lo referente a los aspectos asistenciales, docentes y formativos; a la formación fluctuante, “escasamente estructurada y generalmente no acreditada” y a la interacción con la comunidad científica “puramente anecdótica”. Y precisó que es en este contexto de “incertidumbre científica, de diversidad de competencias profesionales, de heterogeneidad de la práctica y de escasez de controles de calidad de su actividad” (…) En http://www.medicosypacientes.com/articulo/dr-fernandez-torrente-evidencia-la-gran-paradoja-de-que-exista-una-regulacion-de-productos

8Debemos ampliar o intensificar la investigación en una serie de problemas y áreas de la salud que son objeto de preocupación o expectación social: medicinas alternativas, (…).En ¿Por qué?, ¿para qué? y ¿cómo? investigar desde la Ética y la Deontología Médica. Dr. Jacinto Bátiz, presidente de la Comisión de Deontología Médica del Colegio Médicos de Bizkaia y miembro de la Comisión Central de Deontología de la Organización Médica Colegial. 03/11/2016. Enlace: http://www.medicosypacientes.com/opinion/dr-batiz-por-que-para-que-y-como-investigar-desde-la-etica-y-la-deontologia-medica

La verdad del Informe Australiano sobre la Homeopatía. Instituto de Investigación en Homeopatía HRI

En marzo de 2015, el Consejo Nacional de Salud e Investigación Médica (NHMRC) de Australia publicó un documento de información sobre la homeopatía, conocido comúnmente como “The Australian Report”. 1

Este documento concluye que “…no hay condiciones de salud para las que hay pruebas fiables de que la homeopatía es eficaz”.

Este informe desencadenó titulares en todo el mundo sugiriendo NHMRC había encontrado que la homeopatía no funciona para ninguna condición.3

Datos relevantes del informe australiano

Una extensa investigación detallada por Gerry Dendrinos de la Asociación Homeopática Australiana (AHA) sobre la conducta de NHMRC, combinada con un análisis científico en profundidad del informe por el HRI, reveló serias evidencias de mala conducta científica en la elaboración de este informe:

  • El NHMRC hizo la revisión de la homeopatía dos veces, elaborando dos informes, uno en julio de 2012 y el que se dio a conocer al público en marzo de 2015.
  • La existencia del primer informe nunca ha sido revelado al público– sólo fue descubierto por AHA a través de las solicitudes de Libertad de Información (FOI).
  • En el NHMRC dicen que rechazaron el primer informe porque era de mala calidad a pesar de que fue realizado por un científico de renombre y autor de las propias directrices de NHMRC sobre cómo llevar a cabo las revisiones de las pruebas.
  • Las solicitudes de la FOI han revelado que un miembro del comité de expertos de NHMRC que supervisó el proceso de revisión -el profesor Fred Mendelsohn- confirmó que la primera revisión era de alta calidad diciendo: “Estoy impresionado por el rigor, la profundidad y el enfoque sistemático de esta evaluación de las revisiones publicadas De la eficacia y los efectos secundarios de la homeopatía […] En general, un gran trabajo excelente ha entrado en esta revisión y los resultados se presentan de manera sistemática, imparcial y convincente”. 
  • El NHMRC dijo que los resultados del  informe publicado en 2015 se basaron en una “evaluación rigurosa de más de 1800 estudios”. Pero de hecho, los resultados se basaron en sólo 176 estudios.
  • El NHMRC utilizó un método que nunca se ha utilizado en ninguna otra revisión, antes o desde entonces. El NHMRC decidió que para que los ensayos fueran ‘fiables’ debían tener al menos 150 participantes y alcanzar un umbral de calidad inusualmente alto. Esto es a pesar de que el propio NHMRC realiza y financia rutinariamente estudios con menos de 150 participantes.
  • Estas reglas sin precedentes y arbitrarias significaron que los resultados de 171 de los ensayos fueron completamente despreciados por ser “poco fiables” dejando sólo 5 ensayos considerados por el NHMRC como “fiables”. Como ellos evaluaron todos los 5 de estos ensayos como negativos, esto explica cómo el NHMRC pudo concluir que no había evidencia ‘confiable’.
  • El profesor Peter Brooks, presidente del comité del NHMRC que llevó a cabo la revisión de 2015, inicialmente no declaró que era un miembro del grupo de lobby de la lucha contra la homeopatía ‘Friends of Science in Medicine’.
  • En violación de las propias directrices de NHMRC no había ningún experto en homeopatía en el comité.

Extracto del artículo que podrás seguir leyendo aquí Leer más…

Gránulos de Historia 5

Vamos a hacer un recorrido por la implantación de la homeopatía en Europa en la segunda mitad del siglo XIX.

Os ofrezco algunos datos que expresan la importancia de la terapéutica hahnemanniana:

En Alemania había 566 médicos que ejercían la homeopatía, la mayoría de ellos eran profesionales destacados. En Austria había 6 hospitales con un total de 362 camas para pacientes que eran tratados con homeopatía. En Hungría había 5 hospitales y unas 300 camas. Había también un hospital en Moscú y otro en Italia. En Inglaterra había 5 hospitales y 60 dispensarios homeopáticos repartidos por todo el territorio nacional. En Francia 9 hospitales y 6 dispensarios. También había médicos homeópatas en Suiza, Bélgica y Portugal.

En los años centrales del siglo XIX la homeopatía se extendió por toda Europa con una rapidez extraordinaria, más, no sólo eso, en un tiempo récord logró implantarse en ámbitos hospitalarios y fue incorporada por médicos de prestigio. En algunos lugares tuvo que enfrentarse a la oposición de la medicina oficial pero, donde encontró mayor resistencia fue en España.

La respuesta a la ineludible pregunta: ¿por qué?, nos daría una clave importante para comprender lo que ocurre en el presente. Estamos en ello…

Autora: Dra. Inmaculada González-Carbajal García.

Publicado en Facebook: https://goo.gl/eF18Al

Gránulos de Historia 3

Hoy hacemos un salto en el tiempo y nos vamos al Congreso Homeopático Internacional de 1933 en Madrid.
Don Salvador de Madariaga escribió una conferencia para este congreso sumamente interesante.
Analiza con espíritu crítico la medicina alopática y también la homeopatía. Hace una revisión de algunos aspectos de la homeopatía y formula una pregunta:¿CÓMO ES POSIBLE QUE, EN PLENA ÉPOCA CIENTÍFICA, SEA PRECISAMENTE LA MEDICINA MÁS CIENTÍFICA LA QUE SE VEA PROSCRITA DE LA ENSEÑANZA, DE LAS CORPORACIONES OFICIALES, DE LA CONSIDERACIÓN GENERAL?….Y responde: HAY UNA PRIMERA EXPLICACIÓN, LA HOMEOPATÍA CONSTITUYE UNA SERIA AMENAZA CONTRA LOS INTERESES DE LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA.

Verdad que suena muy actual?…Considero que es importante para el mundo homeopático conocer nuestra historia. Hay muchas cosas que se repiten y en las que podemos tener claves importantes para entender el presente.

Autora: Dra. Inmaculada González-Carbajal García.

Publicado en Facebook: https://goo.gl/eF18Al

¡España es diferente!

Aunque parece ser que fue Napoleón quien pronunció esta frase tras la derrota que sufrió en la batalla de Bailén (19 de julio de 1808, su primera derrota en campo abierto), es el eslogan que a principios de los años 60, utilizó y tradujo al inglés, Spain is different!,  Manuel Fraga Iribarne para a atraer el turismo a nuestro país, en el que parecía no existir más que sol, playas y flamenco.

Hoy cuando han pasado algo más de dos siglos desde Bailén, y medio desde su uso como reclamo turístico, España sigue siendo diferente y simultáneamente la misma, un país aparte que durante la mayor parte del siglo XX ha ido a contracorriente, y sigue llegando más tarde que el resto de los países del nuestro entorno europeo, a los avances sociales, económicos y científicos.

En los años 60, mientras Europa se recuperaba económicamente de los desastres de la II Guerra Mundial, España era el único país donde el fascismo ganaba una guerra. Un país al que el “Generalísimo” había devuelto a mediados del siglo XIX, al derogar el Código Penal republicano, para reinstaurar el de 1851, impidiendo el voto a las mujeres que habían votado en 1933 y sustrayéndoles el derecho a heredar, a administrar sus bienes o a firmar documentos legales y un largo etcétera.

Hoy la expresión sigue vigente. Mientras en nuestro país se está llevando una “caza de brujas” científica contra las Terapias Médicas No Convencionales y contra la Homeopatía en particular, perpetrada por unos pseudoescépticos que, como la inquisición en la edad media, se han arrogado la posesión de la verdad absoluta de la ciencia, los países de nuestro entorno ya han llegado a regularlas y algunos a incluirlas en la cartera de servicios de sus Sistemas Nacionales de Salud (SNS).

Mientras en nuestro país, periodistas sin conocimiento de estas terapéuticas se atreven a denigrarlas públicamente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) las reconoce como medicinas tradicionales (MT o TMNC) y, en sus estrategias sobre estas medicinas para los  periodos 2002-2005 y 2014-2023, recomienda a los países miembros el aumento de la investigación, la regulación de su formación y su inclusión en los sistemas nacionales de salud (SNS).

Mientras aquí profesionales sanitarios y no sanitarios, sin otro afán que vender “sus productos”, se prodigan en los medios de comunicación derrochando ignorancia, el premio Nobel de Medicina en 2008, profesor Luc Montagnier, sigue investigando con soluciones ultradiluidas de DNA bacteriano y declara en una entrevistaLo que puedo decir ahora es que las altas diluciones tienen razón. Altas diluciones de algo no son nada. Son estructuras de agua que imitan las moléculas originales”.

Mientras en España seguimos a la espera, desde 1994, de una regulación del ejercicio y  la formación en Homeopatía y del registro de sus medicamentos, la Unión Europea en una directiva, la 2001/83/CE establece un código comunitario sobre medicamentos para uso humano, en el que están incluidos los homeopáticos y la propia Ley española 29/2006 de garantías y uso racional de los medicamentos y productos sanitarios los incluye dentro del capítulo de los medicamentos especiales al lado de las vacunas y otros medicamentos biológicos, los de origen humano, de terapia avanzada, radiofármacos, plantas medicinales y gases medicinales.

Mientras en ésta España la Organización Médica Colegial crea un presunto observatorio, a imagen y semejanza del Tribunal del Santo Oficio, para librar de la ignorancia a los pacientes (por cierto, la gran mayoría con estudios universitarios), la Homeopatía está reconocida por las leyes como Método Terapéutico dentro de la Medicina en varios países europeos: Bélgica (1999), Alemania (1998), Hungría (1997), Letonia (1997), Portugal (2003), Bulgaria (2005), Rumania (1981), Eslovenia (2007) y el Reino Unido (1950). Y otros los incluyen en las prestaciones de sus Sistemas Públicos de Salud: algunas zonas del Reino Unido el tratamiento homeopático por médicos está cubierto por el Sistema Nacional de Salud; en Francia solo la ejercen los médicos y los medicamentos homeopáticos son financiados por su sistema nacional de salud; en Suiza están protegidas todas las TMNC por su constitución; en Alemania, Austria, Bélgica, Bulgaria, Hungría, Italia, Países Bajos, Suiza y el Reino Unido, los seguros privados reembolsan los honorarios de las consultas con médicos homeópatas, así como los costos de los medicamentos homeopáticos.

Mientras en España la Guerra Civil supuso la desaparición de la actividad de los Hospitales Homeopáticos de Madrid y Barcelona, el Reino Unido tenía tres adscritos al SNS, en Francia 7 hospitales emplean medicamentos homeopáticos como complemento a la medicación convencional, y recientemente el presidente de México ha reinaugurado el Hospital Homeopático Nacional.

Desgraciadamente, aunque con la democracia y el progreso económico, el país ha ido cambiando en algunos aspectos su imagen rancia por una de estado moderno y desarrollado, seguimos haciendo de la ignorancia virtud, y de la actitud inquisitorial un rasgo que persiste desde la edad media en nuestra idiosincrasia.

No debe haber mucha diferencia entre la España actual y la de “charanga y pandereta” que describía nuestro Antonio Machado, cuando en las televisiones públicas y privadas y otros medios de comunicación a personas, sin la más mínima preparación en una materia, se las convierte en especialistas capaces de valorar, juzgar y, como no, condenar a lo que no comulga con el dogma establecido.

¡España no es diferente, continua siendo la misma! los diferentes son los demás.

¡Viva España!

Francisco Bautista Sosa

Médico

Se ha encontrado la memoria del agua

Hoy les invitamos a conocer el documental en el que el premio Nobel Dr. Luc Montagnier muestra su investigación sobre la detección de señales electromagnéticas de ultradiluciones de DNA bacteriano serialmente agitadas, según el técnica homeopática de preparación de nuestros medicamentos.

Retoma las investigaciones del investigador inmunólogo francés Benveniste.

Esta investigación demuestra que el agua guarda la información de sustancias con las que ha estado en contacto, aunque se diluyan más allá del número de Avogadro. En este aspecto la agitación seriada o sucusión es determinante en el proceso. Es decir, no basta con la mera dilución de una sustancia en agua.

Algunas citas de los científicos que intervienen en el documental:

“Hacer investigación es ante todo estar a la escucha, es creer en algo, pero también estar listo para admitir lo contrario, y eso es ser completamente libres” (Giuseppe Vitiello – Profesor universitario de Física).

“Nos gustaría que la ciencia se posicionara y que nos diga la verdad, lo que es verdad, lo que es falso…, pero no es siempre posible.”

“Ciertos hechos, ciertas teorías sacuden los dogmas y hacen caducas las verdades establecidas. Para eso, debe haber un debate constructivo entre los investigadores. Aquellos que lo deseen, deberán poder aventurarse libremente en esta vía de  investigación, aunque se equivoquen. Es así como la ciencia podrá avanzar.”

Los subtítulos en español fueron realizados por varias compañeras médicos homeópatas españolas:

  • La Dra. María Dolores Tremiño (SEMH),
  • la Dra. María Jesús Pita Conde (FEMH – Sociedad Gallega de Medicina Homeopática),
  • y la Dra. Maite Guerrero Briz (FEMH- Academia de Homeopatía de Asturias), que nos dejó hace unos meses y a la que queremos reconocer su trabajo y compromiso con la homeopatía.

LA HOMEOPATÍA CURA. Una terapia complementaria

LA HOMEOPATÍA CURA. Una terapia  complementaria

En relación al artículo de opinión publicado el día 1 de junio de 2017 sobre el fallecimiento de un niño en Italia a causa de una otitis tratada exclusivamente con homeopatía, me gustaría hacer algunas puntualizaciones.

En primer lugar, la Homeopatía  es una propuesta de salud basada en rotundas evidencias de curación, mejoría, paliación, alivio y acompañamiento de las personas que sufren y padecen una enfermedad. Evidencias que los 300.000 médicos que la empleamos en el mundo observamos cada día en nuestra práctica clínica.

La satisfacción de los usuarios pueden verse reflejada, por ejemplo, en los resultados de la VII encuesta sobre la percepción social de la ciencia del Fecyt, donde un 53% de la población afirmó confiar en la eficacia de la homeopatía. En el mundo, son 500 millones de personas las que recurren a medicinas complementarias para curarse.

Algunos países de la Unión Europea como Suiza, Francia o Alemania ya la incluyen en sus servicios de salud. En España, cada vez más hospitales la incluyen en su oferta terapéutica y algunos seguros de salud también la incluyen entre sus prestaciones.

Todos estos datos deberían ser relevantes para entender por qué los médicos continuamos empleándola y los pacientes solicitándola. Por eso, quisiera aclarar que los errores médicos no invalidan las terapias. Los datos en medicina convencional muestran que los fármacos son la tercera causa de muerte en el mundo, pero nadie afirma que los medicamentos convencionales matan. Entonces, parece incoherente afirmar que la culpa es de los medicamentos homeopáticos en el caso del niño italiano.

Son los propios usuarios bien informados los que deciden cómo tratarse y quienes demandan integrar las  terapias complementarias como un recurso más para su curación. Tal y como recoge el Código de deontología y ética en el  artículo 9.1 “El médico respetará las convicciones de sus pacientes y abstendrá de imponerle las propias”. Nosotros, como médicos, debemos respetar  sus decisiones y acompañarlos en su sufrimiento generosamente.

Creemos que el trabajo de las instituciones médicas, esto incluye al citado observatorio de pseudociencias que ha puesto en marcha la Organización Médica Colegial, debería encaminarse a evitar el intrusismo en el ámbito de la medicina. En este punto, las sociedades y asociaciones profesionales de homeopatía, constituidas por expertos en la materia, siempre nos hemos ofrecido como interlocutores necesarios. Nos gustaría, una vez más, tender nuestra mano públicamente para que entre todos hagamos una medicina mejor.

Mª Jesús Pita Conde

Presidenta de la Sociedad Gallega de medicina Homeopática

Master en Bioética.

A quien corresponda (carta desde la experiencia)

A quien corresponda:

Yo soy médico homeópata. En ese orden.

Estaba estudiando medicina allá en el año 1982 aproximadamente cuando en casa hubo una curación de esa que se pueden denominar casi milagrosa, en una hermana pequeña que la medicina oficial había condenado al deterioro progresivo y la casi invalidez, por una artritis reumatoide juvenil con poca respuesta al tratamiento de la medicina oficial. Mi madre, en activo por aquel entonces como profesional de la enfermería dentro del sistema público de salud andaluz, tuvo la idea (osadía, valentía, temeridad???) de no resignarse a los designios de la medicina oficial, y optó por llevarla a un médico homeópata de los pocos que por aquel entonces estaban en ejercicio, y tras una o dos dosis de un medicamento homeopático, que a mí por aquel entonces me sonaba a chino (Calcárea Carbónica M CH) del que mi hermana tomó unas pequeñas bolitas que sabían a azúcar según ella nos contó, desaparecieron por completo sus dolores y su inflamación articular, y lo que iba a devenir en una cuasi invalidez, se tornó en facilitar que una personalidad abierta y deportista, se pudiera manifestar en su plenitud y pudiera desarrollar sus posibilidades físicas en la práctica de varios deportes. Hoy, tras 35 años de aquel suceso, no ha vuelto a tener una sola manifestación reumática ni nada que se le parezca.

Yo por aquel entonces, todavía me encontraba sumida aún en la prepotencia y soberbia que caracteriza a la mayor parte de la clase médica, y no dí valor alguno a aquella curación por espectacular que pudiera parecer, de hecho ni siquiera me interesé por hablar del tema con el médico que la había tratado. Todavía andaba deslumbrada por las batas blancas, el halo de magia que exhalan los médicos en los hospitales, y el magnífico despliegue de analíticas, pruebas de imagen y de todo tipo que había que manejar para hacer un diagnóstico, que en aquel momento me parecían mucho más importantes que mirar la cara o el alma de los pacientes.

Pero a medida que iba avanzando en mi formación médica, sin yo realmente saberlo, iba creciendo mi desencanto. Siempre me preocupó quién era la persona que estaba detrás de la enfermedad, y me pareció que quizá desde donde mejor se podía estudiar a la persona era desde la psiquiatría, por lo que entré de alumna interna por oposición a esa cátedra, y comencé en 2ª de carrera a hacer prácticas en consultas psiquiátricas. Mi ilusión por hacer una historia clínica que reflejara quién era y cuál era el sufrimiento que aquejaba a la persona que tenía detrás de la mesa, se topaban tras dos horas con el paciente, con las preguntas del psiquiatra que supervisaba los tratamientos: ¿Duerme? ¿Come? ¿Da la lata en casa?…. para acto seguido recetar sistemáticamente Lorazepam, Noctamid, Denubil y cuatro o cinco fármacos más, que eran lo que todos se llevaban puestos para que estuvieran tranquilitos, fuera cual fuera la causa  de su problema y la historia que me hubieran contado.

Noches de guardias en el hospital en las que no nos dejaban acercarnos a un paciente e infinitas horas de estudio para conseguir grabar en mi cabeza mil y un gérmenes con sus características correspondientes, y mil y un medicamentos con sus fórmulas químicas, familias a las que pertenecen, modo de acción, indicaciones, interacciones y sobre todo, digo sobre todo porque a mí era lo que más me preocupaba, efectos secundarios. Cientos de efectos secundarios que me hacían plantearme que cómo iba a prescribir a una persona algo que le iba a dañar el hígado, el estómago o que le podía provocar en algunos casos incluso la muerte si me sobrepasaba con la dosis, o si se la administraba junto con otro fármaco que le provocara una interacción.

Y yo no encontraba que en ningún lado me hablaran del hombre enfermo. Muy al contrario: me hablaban de órganos, tejidos, células, moléculas… pero como si de un desgüace se tratara. Se experimentaba en laboratorio con partes de ese hombre y luego se extrapolaban resultados al hombre entero, o mucho peor, con animales vivos para luego llevar a la clínica los resultados solamente haciendo una adecuación a la diferencia de peso entre un ratón y un hombre. A mí aquello me repugnaba intelectualmente, pero no sabía por qué: no podía aceptar que eso fuera lo único que se podía hacer,  pero no me cabía entender lo que me pasaba.

Terminé mi carrera en el tiempo previsto habiendo dejado para Septiembre una sola asignatura y habiéndome suspendido también otra única asignatura en los seis años de estudio, con unos resultados en general bastante buenos, y me fui durante un verano a Pamplona a hacer un intensivo de preparación del MIR en la prestigiosa Universidad de Medicina de Navarra. Cuando regresé estaba tan perdida como al principio: había fijado muchos datos, muchas patologías y muchos tratamientos, pero eso no era lo que yo había entrado buscando en esa facultad.

Así que tras un primer intento sin éxito de sacar el MIR, mi madre tuvo de nuevo la idea (osadía, valentía o temeridad, no sé tampoco ahora cómo calificarlo) de decirme que hablara con un médico homeópata para que me informara sobre qué era la Homeopatía, y por tal de no oírla, quedé con él para tomar un café y que me comentara un poco de qué iba esto. Bastó una charla de quince minutos en una terraza de una cafetería, y una servilleta de papel en la que fue escribiendo los ocho principios fundamentales de la Homeopatía, (Similia similibus Curentur: lo semejante cura lo semejante, Vix Medicatrix naturae: la Naturaleza es la que hace y da forma a la enfermedad, Dosis Mínima, Individualidad Morbosa, Individualidad Medicamentosa, Experimentación Pura, Dinamismo Vital, y los Miasmas como clasificación de los tres modos genéricos de enfermar ) para que de pronto se me encendiera la luz, y me diera cuenta de que eso es lo que yo estaba buscando desde que entré en la carrera. Aquí se entendía la enfermedad como una manifestación hacia el exterior de algo que ocurría a un nivel más profundo, es decir a nivel dinámico, como un desequilibrio profundo que se reflejaba tanto a nivel orgánico, como tisular, analítico y por supuesto a nivel mental. Había que estudiar al hombre en conjunto para averiguar la imagen hacia el exterior que estaba proyectando la alteración de su energía vital, que es donde radica realmente la enfermedad, y había que buscar un medicamento que, experimentado previamente en personas sanas, hubiera manifestado la posibilidad de producir ese conjunto de síntomas, pero se le administraba en dosis tan pequeñas, que hacía que no sólo no agravara su enfermedad, sino que despertaba la reacción curativa del organismo, sin dejar secuelas o efecto secundario alguno.

Eso me sedujo. Lo reconozco. Y desde entonces han pasado ya 32 años de estudio continuado, porque es muy muy complejo conocer el alma humana, escuchando día tras día a personas que vienen rebotadas de la medicina oficial, desencantadas por los resultados que la plurifarmacia les ha proporcionado, y tratando de entender quién es la persona que está detrás de esos síntomas, para darle una pequeña dosis del remedio que más se asemeje a su padecimiento. Trabajando sólo en lo privado, día a día, en solitario. Comiéndome mis dudas hasta encontrar el modo de resolverlas, pasando a veces incluso miedo por tener que aguantar hasta que el paciente reaccionara, y feliz cuando conseguía  su curación, y por supuesto estudiando cada día, año tras año sin parar. Y pagando religiosamente cada curso al que he asistido. Sin ir a congresos pagados por multinacionales de fármacos, sino de mi propio bolsillo. Pagando el Colegio de Médicos que se supone me respaldaba, y pagando los impuestos correspondientes para ejercer dentro del marco de la sanidad privada, con todos los requisitos de la ley.

Mis compañeros de promoción hoy son jefes de Servicio o jefes de Departamento, tienen sus buenos sueldos y se pegan sus buenos viajes a Congresos por todo el mundo, con coste cero, y están pensando el tiempo que les queda para jubilarse, y la pensión que les va a quedar entre lo que han cotizado y el mullido plan de pensiones que han ido acumulando. Yo tengo una consulta alquilada, por la que un buen mes no saco más que un sueldo bastante discreto, y los meses de vacaciones tengo que seguir pagando alquiler, secretaria e impuestos, sin ver un euro. Por supuesto las pagas extraordinarias no forman parte de mis posibilidades, y para mí una baja es, como decía el anuncio, una mujer bajita. Pero hasta ahora era feliz con mi trabajo, y me sentía muy satisfecha con lo que hacía porque siempre he creído en ello.

Pero ahora, tras tantos años de ejercicio, resulta que en los medios dicen que soy poco menos que una sinvergüenza. Empezaron diciendo que la Homeopatía es placebo porque las dosis que utilizamos no pueden demostrar que existan por las leyes de la física newtoniana. Luego salieron los pseudoescépticos diciendo que la Homeopatía no es científica y que nuestros medicamentos pueden ser peligrosos para el que los toma ya que no tienen estudios científicos que avalen su eficacia (¿en qué quedamos? ¿son placebo porque no tienen nada o son potencialmente peligrosos?? ). Luego empezó el dominó de la caída de los Másters de las diferentes universidades españolas, porque si la Homeopatía no es científica no puede tener cabida en el Santa Sanctorum de la ciencia que es la Universidad, así que nos dejaron sin poder formar a nadie en nuestra medicina. Y luego los Colegios Médicos nos dejaron de avalar y nos rechazan como apestados, cuando hasta hace poco nos habían aceptado con cordialidad, entendiendo que aún con diferente visión de lo que es la salud y la curación, somos colegas con la misma finalidad que es buscar ayudar a los pacientes en el transcurso de su enfermedad, y llevarlos a ser posible de la forma más rápida y suave a ser posible, hacia el restablecimiento de su salud. En cambio hoy nos miran como proscritos, sospechosos, delincuentes, aprovechados…. Nos niegan el pan y la sal y a todas luces cuestionan nuestro modo de actuar.

Y yo me pregunto, ¿qué es lo que ha ocurrido para que se haya producido un cambio de actitud tan importante por parte de los representantes de la medicina oficial para tratar de eliminar del espectro de terapias a disposición de los médicos, de todo aquello que no huela a medicina química? ¿Se imaginan por un momento que el Estado nos obligara a vestir igual a todo el mundo, o a comer sólo los alimentos que ellos dijeran?? Y por más vueltas que le doy llego a la conclusión de que la tendencia a ir contra todo lo que no sea medicina alopática me parece que apesta a intereses farmacéuticos: y es que cada vez hay mayor número de personas con nivel alto de formación y en países desarrollados, que solicitan un tratamiento integral que está muy lejos del que ofrece la medicina que impera en Occidente. En el mismo saco han metido a la Homeopatía, a la Acupuntura, la Fitoterapia y hasta el Psicoanálisis. Sólo quieren que se medicalice a todo el mundo y desde la más tierna infancia, incluso por situaciones que ni siquiera son patológicas (¿qué decir de casos como el TDHA que recomiendan medicar a los niños para que están quietos y no molesten a los padres que no pueden o no saben atenderles, o de una depresión reactiva tras un fallecimiento por ejemplo, que desde el criterio alopático habría que tratar con antidepresivos, evitando que se realice el duelo, y prolongando en el tiempo las consecuencias del mismo??)

Y ¿cuántas veces nos hemos encontrado que lo que está fervientemente recomendado por la sanidad oficial, queda proscrito al cabo de un tiempo, por las consecuencias negativas que se ha visto ha ocasionado a la población?  O ¿cuántas veces se ha anunciado una epidemia de gripe que iba a diezmar a la población y cuando se ha conseguido que los gobiernos compraran toneladas de vacunas y la empresa distribuidora se ha frotado las manos con los pingües beneficios obtenidos, la epidemia no ha pasado de la importancia de un resfriado?

No podemos ni debemos caer en manos de lo que las farmaceúticas quieren que hagamos. Su negocio es vender, y mientras más enfermos estemos, más venden, por lo cual, los médicos deseamos que los pacientes se curen, pero las farmacéuticas necesitan que consuman fármacos, con lo que ya sabemos cuáles van a ser sus recomendaciones. Si el criterio médico queda en entredicho y se nos obliga a prescribir lo que digan las farmacéuticas, desconozco para qué es necesaria la figura del médico. Si sólo hay que recibir al paciente, (no digo ver porque muchas veces en la sanidad pública ni se le mira a la cara), pedirle una batería bien amplia y estandarizada de pruebas, y llegado el momento de tener un diagnóstico, el tratamiento no tiene elección, cualquier programa informático podría sustituir la cada vez más deshumanizada figura del médico. Y el paciente se seguiría encontrando huérfano si no hay nadie que le atienda y le entienda como un ser completo en una fase de sufrimiento.

La sociedad está cada vez más enferma, no hay duda de ello. Por muchos avances que esté teniendo la medicina oficial en cuanto a investigación y tecnología, las tesis en las que se basa la medicina alopática que llevan a escindir al paciente cada vez en más partes, y que cada una la lleve su superespecialista, (ya no hay traumatólogos sino especialistas en hombro, rodilla, cadera, ya no hay endocrinos sino especialistas en tiroides, ovarios, páncreas….. y así cada vez será mayor la fragmentación a la que sometan al hombre) conlleva el que ninguno atienda al ser humano. Y por mucho que nos traten de impresionar con todo el arsenal de aparatos super-sofisticados y con las investigaciones más ultramoleculares para buscar el origen de la enfermedad, por más que lleguen con tecnología de última generación a lo más profundo de la materia, jamás encontrarán lo que buscan porque la enfermedad se manifiesta en lo material, pero su origen está en la energía: aunque creamos que somos materia, somos energía.

El tiempo y las investigaciones de la física nos irán dando la razón. Pero mientras tanto me gustaría levantar mi voz contra la caza de brujas que se ha organizado últimamente contra las medicinas alternativas. Se han publicado críticas despiadadas y difamatorias en todos los medios, y se ha hablado en todas las tertulias del pobre niño italiano que ha fallecido mientras se trataba con Homeopatía. Sin duda su médico posiblemente erró con el tratamiento que le puso y no rectificó a tiempo cuando vió que la evolución no era la adecuada, bien cambiando el remedio homeopático a otro más adecuado a su cuadro, o bien si la reacción no era favorable, a un antibiótico si hubiera sido preciso. Como bien dije al principio somos Médicos en primer lugar, y la curación del paciente está por delante de cualquier otro criterio. Pero hay un doble rasero que nadie tiene en cuenta y que me parece tremendamente sesgado y peligroso: si alguien fallece mientras utiliza medicina alternativa, la culpa la tiene el tratamiento que sin duda no es el adecuado, pero si fallece en los brazos de la medicina oficial, es porque ya se hizo todo por él, y la enfermedad no hubo modo de controlarla. A modo de ejemplo recordemos el cáncer de páncreas que acabó con Steve Jobs y el que se llevó a Rocío Jurado, y el diferente tratamiento mediático que se les dio a ambos.

Ya no solo como profesional, también como paciente reivindico mi derecho a elegir con qué tipo de medicina me quiero tratar, y quiero que se puedan tratar mis hijos y mis nietos el día de mañana. No quiero pensar que si un día me pongo enferma, no tenga alternativa de decidir que no quiero medicamentos químicos en mi tratamiento. Mis hijos decidirán cómo se quieren tratar en el futuro, y cómo quieren tratar a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Pero tienen que tener la posibilidad de elegir. Tenemos que negarnos como personas inteligentes a aceptar que bajo criterios interesados, revestidos de titulares efectistas, nos impongan un pensamiento único. Y hago una llamada a los profesionales de los medios de comunicación para que no se dejen embaucar por las noticias que se publican sin pasarlas por el tamiz de cuestionarlas y mirarlas con una cierta desconfianza, antes de darlas por válidas y pasar la apisonadora por encima de las personas que trabajamos y  luchamos día a día por la salud de nuestros pacientes. Desde nuestra perspectiva y nuestro criterio. Libre y tan válido como el de cualquiera.

Reivindicamos la libertad en todos los aspectos, y yo reivindico la libertad de elección por parte del médico, de la terapia que considera más beneficiosa para su paciente, y en lo relativo al paciente, la posibilidad de decidir con qué tipo de terapia quiere tratarse. Como en cualquier parcela de la vida, elegimos libremente, y así debe seguir siendo. Elegimos coche, elegimos casa, elegimos la ropa que nos ponemos…. Está claro que hay que exigir unos estándares de calidad para poder elegir con garantías. Pero precisamente por eso veo tan contradictorio cerrar las puertas a la formación de los profesionales: muy al contrario, habría que abogar por una exquisita formación de los médicos que quieran optar por ejercer otro tipo de terapias, tanto en la medicina oficial como en aquella que consideren más cercana a su criterio. Y garantizar desde el Estado la investigación de calidad en otras alternativas a la sanidad operante, que las hay, y mucho menos costosas para las arcas públicas, y sobre todo, mucho más beneficiosas para nuestros pacientes.

Espero que al menos, mis palabras le hagan pensar. Gracias por su tiempo y por su atención. Un cordial y esperanzado saludo

Dra. Mª Jesús Galán Dueñas

Colegiado 4109943

Homeopatía en los Ilustres Colegios Oficiales de Madrid y Las Palmas

COMUNICADO SOBRE LA DECISIÓN ADOPTADA POR LOS COLEGIOS DE MÉDICOS DE MADRID Y LAS PALMAS EN RELACIÓN CON LAS SECCIONES DE HOMEOPATÍA

Madrid, 19 de mayo.- La Academia Médico Homeopática de Barcelona (AMHB), la Federación Española de Médicos Homeópatas (FEMH) y la Sociedad Española de Medicina Homeopática (SEMH), órganos que representan a todos los médicos homeópatas en nuestro país, lamentamos la decisión de prescindir de sus respectivas comisiones de homeopatía, adoptada por dos colegios oficiales de médicos, Madrid y Las Palmas.

Consideramos que su existencia es positiva para los profesionales, pero sobre todo es una garantía de seguridad para los pacientes, porque esto implica que quienes les atienden están sometidos a las mismas normas deontológicas que el resto de colegas y que su práctica clínica está tutelada por el organismo.

Los médicos que incorporamos la homeopatía en nuestra práctica somos, ante todo, médicos y nos hemos formado en las mismas facultades que el resto. Porque Medicina solamente hay una y la homeopatía es una herramienta terapéutica más a tener en cuenta, legítima y con base científica, y que cuenta con medicamentos totalmente regulados en España y en Europa, incluso formando parte de las prestaciones públicas en algunos de los países más avanzados de nuestro entorno. 

Y es que la realidad muestra que actualmente esta terapia es empleada por más de 400 millones de personas en el mundo. Tan sólo en nuestro país, la utilizan alrededor de 15 millones de personas y la recomiendan más de 10.000 médicos. Esta realidad muestra un interés creciente en la práctica de una medicina más integrada contemplando las diferentes disciplinas al alcance de los facultativos y de la población. Una tendencia que ya identificó la propia Organización Mundial de la Salud (en su documento 2014) cuando sugirió a los países la incorporación de estas terapéuticas, entre ellas la homeopatía.

Por estos motivos, defendemos y reivindicamos la continuidad de las comisiones y secciones de homeopatía en los colegios de médicos españoles. Sólo así se podrá garantizar la buena praxis profesional de los médicos que empleamos esta terapia que tiene cada vez mayor respaldo en la población. Consideramos que profesionales debidamente formados y capacitados, son los que mejor pueden atender a estos pacientes quien, una vez informados, elegirán libremente complementar el tratamiento con esta terapia.