EL MEDICO DEBE SER TRANSPARENTE CON LA INDUSTRIA

Dice el punto 2 del el Artículo  9 del Borrador del Código de Deontología médica 2018: el médico que en el ejercicio de su profesión no es transparente con la industria y otras instituciones u organizaciones, incumple el Código de Deontología y vulnera los principios del profesionalismo.

Como médico sujeto a ese código me pregunto: ¿Qué significa que tenemos que ser transparentes con la industria?  ¿Qué  tengo yo que contar a la industria sobre mi actividad como médico? ¿Con qué otras instituciones u organizaciones tenemos que ser transparentes?

Y buscando una respuesta lógica me contesté: “Tal vez sea que informe a la industria farmacéutica de los resultados, tanto positivos como negativos,  que  observo cuando prescribo los tratamientos que me proponen.   Es la única manera de poder  mantener lo útil y eliminar lo inútil o dañino.

Y me reafirmé en  esa respuesta al recordar que cuando un laboratorio propone un  determinado tratamiento para una determinada enfermedad no tiene  pruebas suficientes para considerarlo eficaz y seguro. Que sólo cuando empieza a usarse en humanos se comienzan a ver tanto lo bueno como lo malo de lo que se nos presenta como  opción terapéutica

Decidí releer el punto 2 del artículo 9 del borrador para asegurarme de si lo había entendido o no y al hacerlo me volvieron las dudas. La frase completa es: el médico que en el ejercicio de su profesión utiliza pseudociencias o no es transparente con la industria y otras instituciones u organizaciones, incumple el Código de Deontología y vulnera los principios del profesionalismo.

Y me pregunto ahora: ¿Por qué se equipara el uso de las llamadas  pseudociencias con la falta de transparencia con la industria y otras instituciones u organizaciones? ¿Qué tiene que ver con la industria el tipo de terapia que use yo en el ejercicio de mi profesión?

Solo viene a mi mente una respuesta lógica: la única industria que puede relacionarse con la medicina es la farmacéutica y por tanto debe ser a esta a la que, parece ser, que los médicos tenemos que rendir cuentas.   Tenemos que confesar a la industria que somos culpables de usar seudociencias, que según el observatorio contra seudociencias de la OMC, incluye todas aquellas terapias que no usan fármacos de origen químico.

Por muchas vueltas que le doy no veo otra relación entre la industria y las seudociencias que la mera  competencia.

Y sigo en mi reflexión:  solo puede ser un problema de competencia si las terapias seudocientíficas demuestran mayor eficacia o al menos igual eficacia pero con menos efectos secundarios que la farmacoquímica, porque los médicos,  en nuestro afán de curar,  vamos a  prescribir lo que consideremos más beneficioso para el paciente

Ahora entiendo bien la intención de este punto. No es asegurarse de que el médico cumple con un código de conducta especifico de su profesión, es eliminar el miedo de la industria farmacéutica a la competencia

El punto 2 del artículo 9 del borrador del CD 2018 dice en su totalidad: El médico como profesional cívico  además de ejemplar, y por ello mismo, debe ser transparente. Por eso, el médico que en el ejercicio de su profesión utiliza pseudociencias o no es transparente con la industria y otras instituciones u organizaciones, incumple el Código de Deontología y vulnera los principios del profesionalismo.   

   Aún sigo sin entender completamente este punto porque no aclara cuales son las otras instituciones u organizaciones con las que el médico tiene que ser transparente.

Señores  miembros de la Comisión de Deontología de la Organización Médica Colegial  o quienes hayan redactado este artículo, necesitan ustedes saber  que el médico como profesional cívico debe ser ejemplar y transparente con sus compañeros y sobre todo con la sociedad a la que, en beneficio de la salud, decidió voluntariamente dedicar su vida.

  Si para conseguirlo tiene que utilizar medios diferentes a los que interesan a la industria, o a las organizaciones o instituciones que sean,  es su deber deontológico recurrir a ellos.  

Isabel Romero de la Osa Palacios

Código de Deontología médica: alegaciones al artículo 26

Carta abierta* a

Dra. D. ª Juana María Caballín Yarnoz

Presidenta de la Comisión de Deontología Médica del

Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Navarra

*Para su difusión, si procede, en ámbitos colegial y profesional

15 de diciembre de 2018

Código de Deontología médica: alegaciones al artículo 26

Estimada colega:

Le quedo agradecido por el enlace al borrador del nuevo Código y sus ánimos para presentar alegaciones. Lástima el tiempo establecido para reflexionar sobre lo que se ha de considerar buen hacer en Medicina, en sus propios términos. Si, como señala Ud. con acierto, solo abordar debidamente los capítulos nuevos no es tarea fácil, revisar sus 121 artículos y varios cientos de puntos en solo 30 días resulta impensable. La decisión de participar corresponde a cada colegiado, estamos de acuerdo, pero la asignación de un plazo insuficiente para hacerlo, no.  Por ello, cabe disentir en que una propuesta de participación sin plazo que la posibilite pueda considerarse proceso democrático y transparente.

Presento mis alegaciones al Art. 26. Ruego sea sometido a una severa revisión. Categorización binaria, reduccionismo extremo, factor de radicalización y neologismos ambiguos condicionan tal posible arbitrariedad de interpretación como para convertir virtualmente en contrario a Deontología a la mayor parte de nuestro ejercicio profesional.

En perspectiva, el texto de este artículo viene a ser el reflejo en el Código de la serie de actuaciones de la Organización Médica Colegial (OMC) contra la práctica médica “sin evidencia científica”. Se decidió externalizarlas en la arena pública, fuera de los ámbitos colegial y profesional donde el Código recomienda dirimir discrepancias. Y vienen siendo particularmente activas en los 3 últimos años, coincidiendo con una presión mediática, académica, corporativa, profesional, social, sanitaria, política y administrativa sin precedentes por parte de un cientifismo de perfil supremacista, especialmente combativo en España. Se entiende por tal “la actitud de (y tendencia a) dar excesivo valor a las nociones científicas, que se pretenden imponer como único conocimiento válido, con la exclusión de otros puntos de vista.”

Recapitulando, en sendas cartas abiertas remitidas en los 2 últimos años a distinguidos colegas de la Comisión Permanente del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (hasta la fecha, sin respuesta) he argumentado sobre ello. La OMC optó por una táctica a mi juicio errónea dentro de una estrategia correcta. La estrategia correcta es el fiel cumplimiento de las altas responsabilidades de la colegiatura ante la sociedad, la Administración y los profesionales. La táctica equivocada sigue siendo la alianza corporativa en exclusiva con el sector más virulento y excluyente del referido cientifismo. La legítima, necesaria lucha colegial contra el intrusismo, la mala praxis, etc., no justifica poner a todo el ejercicio médico en estado de sitio bajo el imperio de la “ciencia”.

Por razón de espacio y tiempo no procede extenderme aquí al respecto, valga esta breve referencia contextual. Expongo en el anexo algunos de los argumentos aplicables a los puntos 1, 2 y 3 del Art. 26. Como los análisis vacíos de propuestas de mejora a menudo resultan operativamente estériles, incluyo una de texto alternativo. En esencia, la reflexión principal en este asunto para nuestra profesión incluye una pregunta clave: necesitamos ciencia, definitivamente, pero ¿para perfeccionar el ejercicio de la Medicina o para adulterarlo hasta convertirlo en otra cosa, sometiéndolo a sus solos dictados? Nuestro reto ahora es que el Código permita un difícil pero irrenunciable ejercicio de ponderación: a la ciencia lo que es de la ciencia y a la deontología médica lo propio.

Procedo raudo, Dra. Caballín, a remitirle la presente que, en coherencia con mis anteriores comunicaciones dirigidas a nuestra colegiatura, emito en formato carta abierta. Puede Ud. compartirla con quien estime conveniente y dar a estas apelaciones el trámite oportuno. Quizás les anime a Uds. los expertos a una atenta, serena y desprejuiciada revaloración del Art. 26 previa a su definitiva aprobación, la cual deviene urgente en razón del mismo plazo establecido de partida por los propios órganos directivos.

Para terminar, quiero expresar mi reconocimiento al esfuerzo de tantos colegas en ámbitos nacional, provincial y local comprometidos lealmente en esta actualización del Código. Pero errar es humano y con mi modesta aportación no pretendo otra cosa que ayudar a subsanar algunos errores cometidos y, quizás, prevenir futuros. Reciban Uds. mi gratitud de colegiado y obtengan, en justa correspondencia a sus desvelos, lo bueno que merecen.

Atte.,

Marino Rodrigo Bañuelos

Col. 3104259

 

ANEXO

Análisis

Texto del Art. 26 del Código de Deontología médica, Edición provisional:

  1. El método científico y la medicina basada en pruebas son el fundamento del conocimiento médico. El médico en su actuación profesional debe emplear procedimientos y fármacos cuya eficacia se ha demostrado científicamente y no debe emplear ningún tipo de presión que proceda del paciente o de terceros.
  2. Las pseudociencias, las pseudoterapias, el intrusismo y las sectas sanitarias son contrarios a la Deontología Médica.
  3. Son contrarias a la Deontología Médica las prácticas inspiradas en el charlatanismo, las carentes de base científica y las que prometen a los enfermos la curación, así como los procedimientos ilusorios o insuficientemente probados que se proponen como eficaces, la simulación de tratamientos médicos o quirúrgicos y el uso de productos de composición no conocida.
  4. Si el médico tiene conocimiento de que alguien ejerce actos propios de la profesión no siendo médico, debe denunciarlo al Colegio.

El método científico y la medicina basada en pruebas son el fundamento del conocimiento médico

El método científico (MC) es UN instrumento de validación provisional de la práctica médica, el mejor en aquellos aspectos de su compleja y variada actividad en los que es aplicable, y en ninguno más. Por motivos expuestos en diferentes foros por multitud de autores, ni es EL fundamento del conocimiento médico ni puede serlo. Ni, por consiguiente, se puede pedir que lo sea. Ni, en cierto sentido, debería serlo, SU fundamento, porque ello reduciría toda la medicina a un simple acto… científico, no médico.

La medicina no es ciencia, han declarado autores de peso en la medicina práctica, fuera de sospecha de “anti-científicos”. La medicina no es SOLO ciencia y NADA MÁS que ciencia, sería quizás más aceptable por cualquiera de los médicos que asistimos a personas, no a datos. Cuesta tener que recordar tal obviedad a colegas empecinados en ciertas creencias, como ésta del solo-y-nada-más-que (ciencia).

La medicina basada en pruebas -no en las pomposas, engañosamente definitivas “evidencias”, sino en las más modestas, provisionales “pruebas”-  es un desideratum, una aspiración legítima y necesaria de nuestro quehacer, pero tampoco EL fundamento. Una intervención médica actual basada en pruebas no es “científica” a perpetuidad; pasado mañana podría dejar de serlo. A menudo, deja de serlo. Por otra parte, no cabe invalidar arbitrariamente una intervención médica a perpetuidad (como algunos pretenden) por el solo hecho de no disponer aún de suficientes pruebas. En Medicina, el hecho de no estar todavía validado un procedimiento o técnica no autoriza a nadie a invalidarlo, por lo mismo que la ausencia de pruebas no es la prueba de su ausencia. Esto parece causar a algunos cierta confusión. Pero la confusión de algunos no debe trasladarse al Código de todos.

El médico en su actuación profesional debe emplear procedimientos y

fármacos cuya eficacia se ha demostrado científicamente

En Medicina nos valemos de la ciencia en lo que podemos y del arte en lo que debemos. Nuestra praxis es racional y es empírica. Aspiramos continuamente, y con ganas, a validarla (no a fundamentarla) en el MC, y a basar nuestras actuaciones en (no a cercenarlas con) pruebas (o su insuficiencia). Asumimos y manejamos la incertidumbre consustancial a nuestra labor de la mejor forma considerando las circunstancias, no la escamoteamos bajo la alfombra de lo que “se ha demostrado científicamente”.

¿Cuándo queda “demostrada científicamente” la eficacia de cada uno de nuestros actos médicos, de modo que quienes los llevamos a cabo no incurramos en falta deontológica a este precepto? ¿Quién establecerá que ya lo está, demostrada? Estamos hablando de la eficacia demostrada de cada acto médico. Y entretanto se demuestra su eficacia, ¿qué hacemos?

En torno al 80% del conjunto de nuestras actuaciones profesionales carecen de suficiente «evidencia». A falta de concreción de cuándo una intervención médica deviene suficientemente científica, la mayor parte de ellas queda virtualmente expuesta a la arbitrariedad de, primero, ser considerada contraria a Deontología. Segundo, en consecuencia, a que se decida o solicite su invalidación.

Salta a la vista la radicalización en curso cuando observamos en la edición provisional que desaparece el adverbio preferentemente de la edición actual vigente, que dice:

El médico debe emplear preferentemente procedimientos y prescribir fármacos cuya eficacia se haya demostrado científicamente.

Suprimiendo el explícito preferentemente queda implícito un exclusivamente. En virtud de tal categorización binaria de nuestros “procedimientos y fármacos” y, por extensión, de todos nuestros actos médicos, cada uno de ellos tendrá que estar demostrado científicamente o será contrario a Deontología. Sin medias tintas.

Cualquiera que invoque un Código redactado en estos términos podría hacerlo cuando le convenga: denunciar arbitrariamente e invalidar. La robotización del médico por la restricción de sus actos a solo lo que SE considere científico. La intervención de la autonomía de las personas por un paternalismo institucional “científicamente correcto”. He ahí sendos riesgos evidentes. Cabe esperar de nuestra organización colegial conjurarlos, como parte de sus responsabilidades ante la profesión y  la población.

Las pseudociencias, las pseudoterapias, (…)

son contrarios a la Deontología Médica

Se propone añadir al Art. 26 un nuevo punto con 2 términos pseudo. Dos constructos hasta hoy no definidos en forma mínimamente unívoca y precisa por las personas y entidades colegiales co-responsables de su profusión en los medios. Y, por tal motivo de indefinición, elevados impropiamente a la categoría de cotas deontológicas de actuaciones médicas. Un texto que cruje cuando uno lo lee en nuestro Código la primera y la decimoquinta vez. Por su extemporaneidad y desubicación, diríase incrustado a machamartillo.

Se permitió en su día que jerga foránea, imprecisa, de significado interesado y modo hostil, que destila intolerancia y pretensiones de absolutismo para dictaminar qué es verdadero y qué no en Medicina, se permitió, digo, que se instalara en el Observatorio del mismo nombre. Y ahora se propone introducir estos constructos pseudo en el mismísimo Código de Deontología médica. La pica en Flandes de entonces es ahora el asalto al código fuente.

En justa (¿pero quizás involuntaria, por parte de los redactores del borrador?) coherencia con la inadecuación, la desubicación de ambos términos pseudo en este provisional Art. 26.2, ninguno de ellos aparece reseñado ni en el Índice de términos ni en el Glosario, donde sí aparecen los asuntos capitales, asentados por significado y uso en la profesión, y actualizados en su léxico adecuado. Soy consciente de que estoy dando ideas con esta observación.

Son contrarias a la Deontología Médica las prácticas carentes de base científica

(…) los procedimientos insuficientemente probados

Afianzando la doctrina de los puntos precedentes, definitiva entronización en éste de la ciencia como juez supremo de actuaciones médicas, y de lo «suficientemente» probado  (hemos de sobreentender, por ella) como patrón oro de la deontología médica. Carta blanca a cierta “presión de terceros”, la misma que se pretende evitar en el punto 1, la que se autoriza a una “ciencia” a menudo ella misma manipulada por intereses ajenos a la salud de la población. Excelente posición de partida para la posible arbitrariedad de actuaciones disciplinarias, que cabría justificar desde una deontología rendida, de nuevo, al cientifismo.

Mi propuesta provisional de redacción

Art. 26.

El método científico y la medicina basada en pruebas se consideran imprescindibles para el avance del conocimiento médico. El médico, en su actuación profesional, debe emplear preferentemente procedimientos y fármacos cuya eficacia y seguridad estén suficientemente respaldados por ambos. Sus actuaciones profesionales no deben claudicar ante ningún tipo de presión ajena a su alta misión que proceda de terceros.

Son contrarias a la Deontología Médica las prácticas inspiradas en el charlatanismo, las que no aspiran a validarse científicamente o prometen a los enfermos la curación, así como los procedimientos ilusorios que se proponen como eficaces, la simulación de tratamientos médicos o quirúrgicos y el uso de productos de composición no conocida.

(.4 del borrador, que pasa a ser .3) Como está.

Por su indefinición, imprecisión, ambigüedad, extemporaneidad y el consiguiente potencial empleo arbitrario y manipulador de sus términos pseudo, el punto 2 del borrador es suprimible. Como mínimo, hasta su definición autorizada, unívoca, precisa y aceptada por la profesión.

¿Organización Médica contra Organización Mundial de la Salud? Peor el falso remedio que la supuesta enfermedad

Open letter to The World Health Organization

Carta abierta a la Organización Mundial de la Salud

1 de febrero de 2019

 

¿Organización Médica contra Organización Mundial de la Salud?

Peor el falso remedio que la supuesta enfermedad

Sostendré un combate que no conozco, emprenderé un camino que ignoro.

Gilgamesh III, 23-24

Usar la ciencia para defender decisiones políticas es anticientífico.

Abel Novoaa

 

 

Abstract

In Traditional Medicine Strategy 2014-2023, the World Health Organization (WHO) disclosed some recommendations for a safer access of the people to traditional and complementary medicines (TCM). In Spain, several leaders of the Collegiate Medical Organization aim to eradicate them. Through this open letter, the author puts in knowledge of the WHO some interventions in this course of action which are detrimental for both medical doctors and users of TCM.  Thereby, the current setup —­­­people using them in medically controlled conditions— is at serious risk of ban in this country.

 

To/AA:

Mr. Josep Figueras, Director

And The Core Management Team

European Observatory on Health Systems and Policies

WHO European Centre for Health Policy

Brussels – Belgium

 

Distinguidos Sr. Director y equipo:

Permítanme recordarles que, en su Estrategia sobre Medicina Tradicional 2014-2023, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declara que “la medicina tradicional es una parte importante y con frecuencia subestimada de los servicios de salud”, y anima a todos los agentes sanitarios a continuar en la línea de integración, reglamentación y supervisión de las medicinas tradicionales y complementarias (MTC) en los sistemas sanitarios públicos, para un acceso de la población eficaz y seguro a estos recursos. Asimismo, insta a dedicar “más esfuerzos de investigación e innovación, y una atención centrada en la gestión de conocimientos”, a fin de que puedan basarse en pruebas científicas1.

La Organización Médica Colegial (OMC) agrupa en torno a 250.000 médicos en España, quienes están obligados a inscribirse en su colegio provincial cualquiera sea la modalidad de su ejercicio profesional. Con particular intensidad desde 2016, y a rebufo de la necesaria lucha contra el intrusismo y el fraude sanitarios, dirigentes de la OMC promueven en España la eliminación de las MTC y del correspondiente ejercicio médico no convencional (EMNC).

En marzo de 2017, dirigentes de la OMC presentaron un Observatorio2 con el objetivo de “luchar de forma activa contra estas prácticas engañosas, fraudulentas y contrarias a la medicina científica, procedan de donde procedan y las oferte quien las oferte (médicos, otros sanitarios, charlatanes e intrusos)”. En su establecimiento se prescindió de médicos y usuarios de las MTC. En su lugar, se participó de la gestión del Observatorio en régimen de exclusividad a 2 destacados miembros del movimiento autodenominado escéptico, uno de ellos ni médico ni sanitario, ajenos ambos a las MTC, generadores ambos de copiosa ofensa pública contra colegiados del EMNC en medios y redes.

El Ministerio de Sanidad había realizado en 2011 un informe de situación de las MTC en España, documento descriptivo para el posible futuro abordaje de su regulación3. Por intervención del Observatorio auspiciado por la OMC, lo que el Ministerio consideró “técnicas en el ámbito de las terapias naturales” devinieron pseudociencias o pseudoterapias. Se incluyeron en un listado que había que, inicialmente, limitar; en segunda fase, denunciar y en tercera —la actual— prohibir. Desde entonces, con un apoyo mediático sin precedentes y desde diferentes frentes que incluyen a la OMC, se están haciendo ímprobos esfuerzos para instalar en la opinión pública española el soniquete MTC=pseudociencia=pseudoterapia=amenaza. Imponer una cierta narrativa es el objetivo, pues el lenguaje condiciona el pensamiento y éste la acción.

Las actuaciones supresivas de dirigentes de la OMC prosiguen en 2019. Destacan 2 actuaciones en curso:

  • Se pretende modificar texto de artículos del Código de deontología médica (CDM), actualmente en proceso de actualización, lo que facilitaría considerar como mala praxis y “contrario a deontología médica” a todo ejercicio médico de las MTC4. Hemos presentado múltiples y argumentadas alegaciones.
  • Se ha pedido formalmente a las autoridades sanitarias españolas su prohibición, lo que facilitaría ilegalizar ambos, MTC y su ejercicio médico. En los términos de la Declaración Madrid: “todas ellas han de ser expresamente prohibidas y excluidas de cualquier circuito sanitario y consideradas, a todos los efectos, como prácticas que atentan contra la salud pública y la seguridad de los pacientes” 5. Todas ellas.

La supuesta justificación de tan insólita actuación en ámbito mundial —donde las MTC llevan diferentes cursos de integración clínica, desarrollo experimental y científico, y reglamentación administrativa, según modalidades e idiosincrasias nacionales— esgrimida por dirigentes de la OMC es simple: “no tienen evidencia”. Ocasionalmente, se ha invocado un factor de modernidad: “son prácticas más propias de la Edad Media”6. Recientemente, se ha pretendido forzar aún más la opinión pública contraria a las MTC con un “informe” que pretende atribuir a las pseudoterapias (ya no MTC) una cifra muy superior a los mil muertos al año en España. El documento, publicado por el referido grupo escéptico al que dirigentes de la OMC introdujeron en su Observatorio7, ya ha sido invocado (por tanto, en cierto sentido, “validado”) por dirigentes de la OMC contrarios a las MTCcit.6, en apoyo de sus afirmaciones.

 La secuencia es vertiginosa: todo ejercicio médico no validado por la ciencia queda automáticamente y para siempre “invalidado”. La ausencia, la simple insuficiencia de pruebas (científicas) equivale a la prueba de la ausencia (de validez). Toda MTC deviene pseudociencia, pseudoterapia o ambas. Todas y cada una de ellas son un engaño, una ilusión, una estafa o las 3. Los médicos que las ejercen son charlatanes, estafadores, engañabobos o los 3. O, en el mejor de los casos, se equivocan, se basan en sus propias creencias y hay que “convencerles de que reconduzcan sus caminos”8. Los usuarios son engañados, bobos, víctimas o las 3. También se equivocan (o engañan) quienes creen haber obtenido beneficio para su salud. Las MTC, “todas ellas”, atentan contra la salud, estafan, matan, deben prohibirse

De este modo, las recomendaciones de la OMS para las MTC van camino de tomar en España un giro inesperado en manos de, entre otros, dirigentes de la OMC: su supervisión deviene denuncia y persecución; su reglamentación, prohibición; su integración, mala praxis, y, en consecuencia, su estudio, actualización, aplicación, investigación y validación científica, fuera de la Ley y de la deontología médica.

En resumen, un cientifismo de perfil supremacista, modo inquisitorial y afín al pensamiento único pretende abolir global e indiscriminadamente las MTC en España por una exclusiva y excluyente cuestión de “evidencia”9. En España (¡Oh, Hipócrates!), algunos quieren convertir las MTC en enfermedad y su eliminación en remedio. Es autoevidente.

¿Qué sería de la Medicina empírica de siempre —a la que pertenecen algunas de las MTC aplicadas por médicos— si se impusiera este criterio cientifista? ¿Qué sería de la práctica médica convencional, que es medicina racional y es medicina empírica, si se le aplicara el mismo criterio supresor que pide prohibir el ejercicio médico de las MTC? No es difícil prever.

Se estima que en torno al 80% del ejercicio médico convencional (EMC) carece de evidencia científica. Si aceptamos el criterio cientifista promovido por dirigentes de la OMC, tendremos que reconocer ante población y autoridades que la mayor parte de nuestros actos médicos son “prácticas denunciables”, perseguibles y eliminables. Porque “no tienen evidencia”. Porque se basan en “creencias”. Porque… ¿”matan”? Sin embargo, a fecha de redacción de la presente no han trascendido actuaciones al respecto desde la OMC ni desde su Observatorio.

Dicho de otro modo, dirigentes de la OMC pretenden, con declarada vocación exportadora además, que la incertidumbre de la Medicina debe abordarse en España de 2 modos distintos:

  • Si la incertidumbre corresponde al EMC (80% sin evidencia), se acepta como consustancial a la Medicina; se gestiona con normalidad, comprensión y colaboración multidisciplinar; se aspira a su validación científica, siguiendo actitud, criterios y metodologías universalmente aceptados.
  • Si la incertidumbre corresponde al EMNC, debe denunciarse por la población y (algunos pretenden obligarnos por ley) por los propios médicos; no debe gestionarse, estudiarse, actualizarse, investigarse ni reducirse su impacto en la práctica clínica mediante validación científica. Deben eliminarse ambas por la Administración y por la Justicia, MTC y su incertidumbre.

¿Qué hay en todo esto respecto a la población española? Según encuestas, su aceptación de (y confianza en) el ejercicio médico de las MTC es alta10. En respuesta a la campaña supresiva en curso, sus usuarios vienen manifestando su rechazo en múltiples foros públicos. Se han constituido asociaciones de usuarios en su defensa. Comparativamente con la cobertura mediática concedida en España a la campaña, la dedicada a sus afectados es prácticamente insignificante.

Asimismo, médicos colegiados españoles hemos remitido a la OMC nuestra disconformidad con este desatinado proceder colegial, tanto a título individual11,12,13,14,15,16,17,18,19 como colectivo20. Como dirigentes de la OMC han llevado sus discrepancias y acerbas críticas contra prácticos del EMNC sistemáticamente al ámbito público, en vez de circunscribirlas a ámbitos profesionales y colegiales como recomienda el CDM, hemos expresado nuestra opinión igualmente en dicho ámbito. Hasta la fecha, sin respuesta.

Los escenarios de este proceso indiscriminado contra las MTC se multiplican en España:

  • Médicos en EMNC, expedientados por “practicar pseudoterapias”21.
  • Secciones y grupos de trabajo en colegios de médicos, “tumbados”22.
  • MTC aplicadas a pacientes en centros sanitarios públicos, “expulsadas”23.
  • Actividades formativas y de investigación, “fulminadas”24.
  • Charlas en Colegios de Médicos, “canceladas”25.
  • Solicitudes de locales públicos para actividades informativas, denegadas.
  • Comunicaciones de protesta de colegiados y usuarios de las MTC, silenciadas.
  • (…)

De este modo, en España están bajo seria amenaza valores universales:

  • La libertad de conciencia y de prescripción del médico dentro de una legalidad existente en España comparable al resto de Europa, y de una deontología médica que admite bajo ciertas condiciones —las mismas que se aplican mayoritariamente por el EMNC en España— el empleo de recursos complementarios a los convencionales.
  • La libertad de elección de recursos sanitarios del paciente, en el ejercicio de su autonomía informada y responsable.
  • La libertad de expresión de toda la ciudadanía en materia sanitaria.

No cabe esperar que una sociedad madura y democrática como la nuestra se resigne en forma pasiva, acrítica a la imposición de decisiones totalitarias tomadas a la sombra de la imprescindible lucha contra el fraude y la ilegalidad sanitarias. La autonomía del paciente es un bien sanitario de primer orden, y por eso, también en España, población y médicos seguimos evolucionando desde el tradicional paternalismo a la plena implantación de la autonomía de las personas en materia sanitaria, lo que lleva su tiempo.

Entre tanto, el paternalismo persuasivo y autoritario —que tampoco se resigna, al parecer— empieza decidiendo con el paciente y termina haciéndolo por él. Empieza invocando la esperada, necesaria ayuda que la Ciencia, no el cientifismo, aporta a la Medicina y termina sometiendo toda la deontología y ética médicas a los solos dictados del segundo. Empieza informando a la población y termina atemorizándola. Empieza “protegiendo a pacientes” y termina usurpando derechos individuales. Lo estamos sufriendo: empieza “limitando” y termina prohibiendo.

Es por todo ello, Sr. Figueras y equipo, que, desde mi modesta membrecía colegial, me veo obligado a un nuevo llamamiento a que dirigentes de la OMC contrarios a las MTC reflexionen y rectifiquen en su cuestionable curso de acción. Llamamiento que, de nuevo y a pesar de quien suscribe, debe ser público. Permítanme que lo haga aquí, pues dirigentes de la OMC son igualmente destinatarios de esta carta.

Distinguidos colegas:

  • Perseveren en la necesaria lucha contra el intrusismo, el fraude sanitario y la mala praxis, y también contra toda mala ciencia, toda falsa ciencia, toda influencia externa a la vocación médica que pretenda influir en su trascendental misión desde intereses ajenos al bien del paciente.
  • Reflexionen sobre el trato público que dispensan globalmente a colegiados del EMNC, a quienes, en virtud de su obligada colegiación, deben Uds. respetar y representar dignamente. Particularmente en ámbitos públicos.
  • No pierdan de vista que, llevado al extremo su hiperbólico criterio cientifista, no menos foráneo a la profesión, están poniendo en delirante riesgo de ser considerado “contrario a deontología médica” a la mayor parte del ejercicio médico. Convencional incluido.
  • Ejerzan como corporación colegial la debida tutela de todo ejercicio médico honesto, tanto convencional como de las MTC. Si éste sigue aspirando a validarse científicamente, aun con los escasos recursos disponibles26. Si, junto con los pacientes, buscamos ayuda para sus afecciones donde pueda haberlas, en complementación y coordinación con los recursos convencionales. Si se aplican con los pertinentes controles internos y externos… Si todo esto y más es “atentar contra la salud pública y la seguridad de los pacientes”, entonces tendremos que valorar en profundidad la visión que tienen Uds. de la Medicina y de la propia deontología médica.
  • Colaboren con los propios colegiados del EMNC en afianzar la honestidad en su labor, el rigor en su aplicación, el método en la actualización y perfeccionamiento de las diversas técnicas, y la continuidad en la formación que cabe exigir a su ejercicio profesional, el cual debe, de partida, estar expurgado de todo interés lucrativo y comercial.
  • Faciliten entornos colaborativos para el logro de nuestra alta misión, no represivos.
  • Cesen de inspirar o respaldar actuaciones dirigidas a la población desde un paternalismo quizás bienintencionado, pero reconocidamente obsoleto y potencialmente lesivo.
  • Desalojen de nuestra organización colegial la jerga, ideología, modos, trato personal, objetivos y activistas del cientifismo, que tanto están exasperando a decenas de miles de colegiados del país. No les costó meterlos, no debería costarles rectificar y sacarlos.
  • Suspendan la línea de actuación indiscriminada contra el ejercicio médico de las MTC.

Contra las recomendaciones de la OMS.

Contra la aceptación de los usuarios mayoritaria.

Contra el mayoritario ejercicio médico honesto.

Contra las políticas en el resto de Europa.

Rectifiquen o permitan que otros colegas lo hagan.

Finalmente, Dr. Figueras y equipo, debo disculparme. En primer lugar, por la extensión de la presente, proporcional al cúmulo de actuaciones referidas. En segundo, por distraer su atención, digna de asuntos de trascendencia mundial, hacia este asunto. Ciertamente, corresponde a la sociedad española avanzar en la aplicación de las recomendaciones de la OMS sobre la MTC. No obstante, creo conveniente poner en su conocimiento y en el de tan alta institución situación tan insólita como la que viene aconteciendo en un país europeo.

Agradeciendo su atención, reciban mis mejores deseos de realización personal y profesional.

Marino Rodrigo

Médico

Servicio Navarro de Salud

Pamplona, España

 

Agradecimiento

A los colegiados Pablo Saz, Emilio Morales, Mª Jesús Pita, José Eugenio López, José Luis Espejo, Francisco Bautista, Xavier Uriarte y Ricardo Bárcena, por su revisión del texto y sugerencias.

 

Referencias

ahttp://www.nogracias.eu/2019/02/02/por-que-la-ciencia-no-es-objetiva-y-por-que-para-defenderla-es-tan-importante-aceptar-que-no-lo-es-redefiniendo-lo-anticientifico-por-abel-novoa/

1https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/95008/9789243506098_spa.pdf;jsessionid=A7C51F9D9F71CD64DEAB6F836E84B595?sequence=1

2https://www.cgcom.es/observatorio-omc-contra-las-pseudociencias-intrusismo-y-sectas-sanitarias

3http://www.mscbs.gob.es/novedades/docs/analisisSituacionTNatu.pdf

4http://medicosypacientes.com/sites/default/files/CDM_19%20noviembre.pdf

5https://www.actasanitaria.com/wp-content/uploads/2019/01/Declaración-Madrid-pseudoterapias.pdf

6http://www.medicosypacientes.com/articulo/dr-fernandez-torrente-las-pseudoterapias-son-practicas-propias-de-la-edad-media

7http://www.apetp.com/wp-content/uploads/2019/01/Informe-pseudociencias-2018.pdf

http://medicosypacientes.com/articulo/dr-fernandez-torrente-las-pseudoterapias-son-practicas-propias-de-la-edad-media?platform=hootsuite

8https://www.redaccionmedica.com/noticia/sendin-equipara-la-homeopatia-a-la-mala-praxis-95295

9http://www.nogracias.eu/2018/08/22/dios-no-existe-tomar-decisiones-clinicas-solo-basandonos-las-conclusiones-los-meta-analisis-absolutamente-pseudocientifico-abel-novoa/

10https://www.efesalud.com/encuesta-ciencia-mitad-espanoles-confia-acupuntura-homeopatia/

11Rodrigo M. Carta abierta a Comisión Permanente de la OMC. Esculapio (2017) 23:66-68

12Verdú-Vicente FT, Alerta sobre la situación de las medicinas tradicionales en España. Medicina Naturista, 2018; Vol. 12 · Nº 2

13Fuentes, M. http://www.similia.es/carta-a-la-organizacion-medica-colegial-de-una-medica-espanola-y-homeopata/

14Romero I. http://blog.femh.org/2018/06/16/carta-al-presidente-de-la-omc-por-isabel-romero-de-la-osa/

15Galán MJ http://blog.femh.org/page/3/

16Bizkarra K. http://asymi.es/2018/11/28/carta-abierta-hacia-un-futuro-de-la-medicina-integrativa-no-integrista-auto-gestion-de-la-salud-en-tiempos-revueltos/

17Calleja C. http://www.homeopatia.net/reivindico-dignidad-como-medico/

18García-Ajenjo MD. https://www.facebook.com/c.m.homeoacup/posts/2004485789564254

19http://blog.femh.org/?s=pita

20https://www.diariomedico.com/profesion/medicos-acupuntores-ven-falta-de-rigor-en-la-campana-de-la-omc-contra-las-pseudoterapias.html#

21https://www.redaccionmedica.com/secciones/sanidad-hoy/colegio-medico-expediente-pseudoterapia-homeopatia-pseudociencia,reclamacion-6617

22https://elpais.com/elpais/2017/05/16/ciencia/1494925814_897613.html

23https://www.elperiodico.com/es/ciencia/20181114/pseudociencia-plan-gobierno-pseudoterapias-expulsar-centros-sanitarios-7145849

24https://elpais.com/elpais/2016/03/01/ciencia/1456856774_534268.html

25http://www.medicosypacientes.com/articulo/dr-serafin-romero-vemos-con-agrado-el-plan-contra-las-pseudociencias

26 Clinical practice guidelines on the evidence-based use of integrative therapies during and after breast cancer treatment, 2017. Society for Integrative Oncology. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.3322/caac.21397

 

Co-destinatarios iniciales

– WHO Barcelona Office for Health Systems Strengthening Barcelona, Spain

– Plan de Protección de la Salud frente a las Pseudoterapias. Ministerio de Sanidad, Consumo y

Bienestar social

– Organización Médica Colegial/CGCOM:

–Serafín Romero, presidente

–Jerónimo Fernández, tesorero y coordinador del Observatorio

–Juan José Rodríguez, presidente de la Comisión Central de Deontología

– ICOM de Navarra:

— Rafael Teijeira, presidente

— Juana María Caballín, presidenta de la Comisión de Deontología Médica

— Pilar San Esteban, Directora del Área de Desarrollo Profesional

 

-MTC nacional:

— Mª Isabel Ramírez Díaz, presidenta de la Asociación Española de Médicos Naturistas

— Rafael Cobos, presidente de la Sociedad de Acupuntura Médica de España

— Antonio Marqués, presidente de la Federación Española de Médicos Homeópatas

— Mª Teresa Bravo, presidenta de la Academia Médico Homeopática de Barcelona

— Alberto Sacristán, presidente de la Sociedad Española de Medicina Homeopática

— Juan Carlos Crespo, presidente de la Asociación Española de Médicos Integrativos

MTC internacional:

— Isabel Giralt. European Society of Integrative Medicine.

— Frederick Hecht, Chair Director. Academic Consortium for Integrative Medicine and Health

— Lynda Balneaves, president, Executive Committee. Society for Integrative Oncology

Las medicinas complementarias potencian el efecto terapéutico de los tratamientos convencionales

Me gustaría realizar algunas puntualizaciones al artículo aparecido el día 13 de noviembre en la sección de Sociedad de La Voz de Galicia titulado “Los médicos gallegos llevarán a la Fiscalía la práctica de pseudoterapias”. La réplica enviada fue recortada tanto en su título como en su contenido y publicada en cartas al director. Quiero dejaros la réplica completa.

Quiero empezar rescatando tres ideas importantes del artículo y que son nucleares en este debate sobre medicinas complementarias que lleva un tiempo en los medios de comunicación.

Existen medicamentos que se usan en las terapias complementarias que ayudan a la medicina convencional como, por ejemplo, los medicamentos homeopáticos.

Hay terapias que tienen resultados terapéuticos positivos y que han de ser aplicadas correctamente de acuerdo con sus indicaciones.

Existen también terapias en campos legítimos de estudio, con evidencias suficientes y validadas por la sociedad, que indican la importancia de seguir investigando. Es el caso de la homeopatía, por ejemplo.

Estas afirmaciones están avaladas con datos. Entre el 50 y 60 % de la población española, según la encuesta de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), confía, usa y está satisfecha con la medicina complementaria.

Los médicos que utilizamos las medicinas complementarias llevamos mucho tiempo solicitando completar nuestra regularización. Abogamos por no mezclar todo en el mismo saco y evitar así desinformar y confundir a los usuarios.

Hemos contado con el apoyo de los Colegios durante años, tanto es así que se crearon secciones médicas para precisamente evitar el intrusismo de personas no cualificadas en este campo.

El observatorio creado por la OMC debería incluir a expertos en las materias que están observando. Por otro lado, es necesario diferenciar prácticas médicas –“que no pseudomedicas”– de las que no lo son. La verdadera función de este Observatorio ha de centrarse en combatir el intrusismo médico. Los médicos no somos intrusos ni pertenecemos a ninguna secta ni pseudociencia y, es ahí, donde se ha de cambiar el enfoque del citado observatorio.

La actitud de los responsables de las instituciones colegiales debe ser velar por todos los colegiados. También cuando ejercemos en el campo de las medicinas complementarias como así estaba siendo.

Partiendo de que somos médicos y de que disponemos de amplios conocimientos, podemos determinar lo que es más conveniente para el paciente. Es por esto que no se registra pérdida de oportunidad terapéutica. Creemos que urge regular y reconocer el lugar que corresponde a los profesionales de CAM (Medicinas complementarias).

Científicos de gran prestigio mundial dirigen sus investigaciones hacia este terreno de las altas diluciones con resultados que confirman el porqué de su eficacia. No hay pocos estudios, hay cientos de estudios. Investigaciones de alta calidad que lo demuestran.

Los pacientes no abandonan sus tratamientos, complementan sus tratamientos, si su proceso está dirigido por un profesional cualificado. Un médico consigue que el paciente mejore y sea capaz de proseguir con su tratamiento.

Con respecto a los farmacéuticos, recientemente los vocales de Plantas Medicinales y Homeopatía han remitido un comunicado. Son 22.000 farmacias y 49.000 farmacéuticos apoyando la fitoterapia y la homeopatía. Son medicamentos regulados en una directiva comunitaria, por tanto su dispensación es perfectamente legal.

En conclusión, los pacientes se beneficiarán del uso de las medicinas complementarias siempre y cuando sean asistidos por médicos que ejerzan su práctica de forma ética y deontológica.

 

Mª Jesús Pita Conde

Master en Bioética

“A la ciencia lo que es de la ciencia y a la ética lo que es de la ética”. Carta abierta al Dr. Jerónimo A. Fernández Torrente, Tesorero del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos de España

“A la ciencia lo que es de la ciencia

y a la ética lo que es de la ética”

Distinguido colega:

En diciembre de 2016 remití carta a la Comisión Permanente de la Organización Médica Colegial (OMC) relativa a sus actuaciones contra el ejercicio médico no convencional (EMNC)1. A pesar de la recomendación del Código de dirimir las discrepancias en ámbitos colegiales y profesionales, Uds. las llevaron y las siguen llevando a la arena pública. En consecuencia, pública es la presente.

Huelga reiterar mi apoyo a la labor de la OMC en la defensa del interés sanitario de la población. Llevada a cabo por tan prestigiosa institución debe armonizarse exquisitamente con la deontología médica en todas sus actuaciones, las cuales, en ocasiones, pueden resultar polémicas. Pero una cosa es no agradar a todos cuando se toman decisiones institucionales y otra perjudicar a una parte de la profesión. En el origen de esta situación está la ausencia de un debate inclusivo sobre la ciencia, la libertad de prescripción, la ética médica y la autonomía del paciente, entre otras.  Más adelante volveré sobre esto. En su lugar, el ataque indiscriminado contra todo EMNC, convocando la supuesta autoridad ética de la ciencia.

La OMC, y Ud. particularmente, Dr. Fernández, mantienen casi un año después de aquella carta la misma línea de actuación. Dos hechos destacan en este período: la creación de un observatorio y su reacción personal al debate de la Comisión de Sanidad del Congreso sobre las pseudo-ciencias.

El Observatorio OMC contra las pseudo-ciencias... Gestado en insólita alianza con el movimiento auto-denominado escéptico, fuente de ofensa pública en medios, sitios y redes sociales contra médicos colegiados y usuarios. El mismo que han introducido Uds. (incluido un no facultativo) en la cocina de la profesión. Todo se ha dicho ya en mil foros pero seguimos sin saber qué entienden Uds., Dr. Fernández, y sus colaboradores, por “pseudo-ciencias”. Ni siquiera el documento que pretende justificar el ente en el sitio oficial de la OMC lo establece, como sí han “definido” lo que Uds. (¿quién si no?) “entienden” por pseudoterapias. Esta interesada ambigüedad de términos, la jerga utilizada en documentos, declaraciones y entrevistas, ciertas formas inciviles de referirse a profesionales y usuarios, la diferente consideración de qué asunto según quién lo lleve a cabo, el todo por la ciencia… El característico tufillo ideológico de dicho movimiento en la mismísima OMC.

Dudas razonadas y razonables no faltan respecto a que desde una organización médica nacional tengamos no ya que ocuparnos de “pseudo-ciencias”, sino de crear un ente en su contra. Intrusismo,  fraude sanitario, los productos milagro, el tarugeo, la medicina basada en la evil-ciencia, los excesos del sobre-diagnóstico y las consiguientes onerosas (estas sí, pseudo-) terapias, las prioridades asistenciales desplazadas por intereses comerciales… de acuerdo, todos a una contra todo ello. Pero ¿“pseudo-ciencias”? ¿Sigue Ud. tan convencido como parece, Dr. Fernández, de que la población tiene que “denunciar pseudo-ciencias” ante la colegiatura médica y ésta ante la fiscalía?; ¿de que también tenemos que hacerlo los médicos? ¡Observatorio contra las pseudo-ciencias, Dr. Fernández!, sin haber todavía ni definido el término (¿no es tan fácil de hacerlo como con pseudo-terapias?) ni justificado su pretendida necesidad de vigilancia médica colegial. La población, la masa crítica -una expresión favorita suya, a la que se nos ofrece el ente, no sabemos exactamente qué pretenden Uds. que denunciemos. Y lo que es peor, parece que en el observatorio tampoco lo saben (o se lo tienen muy callado).

Su reacción personal, su furibundo desacuerdo y malestar tras “debate y resultados” de la Comisión de Sanidad del pasado 22 de septiembre sobre, de nuevo, las pseudo-ciencias, En su opinión, se beneficia a quienes, siendo o no médicos y profesionales sanitarios, engañan y se lucran a costa de engañar a pacientes»2. De nuevo, la desafortunada ofensa indiscriminada.

Una opinión puede ser aceptable hasta que pretende fundamentar injusto perjuicio ajeno. Puede Ud. enfadarse con los políticos cuando no hacen lo que Ud. quiere, Dr. Fernández; mostrarse crítico con sus decisiones; calificar su actuación de “indecisa, irresponsable e ignorante”; negar su preparación para debatir ese tema… Faltaría más. Pero, ¿tiene que subscribirlas como OMC? Dicho de otro modo, ¿tenemos que aceptar todo el colectivo médico una opinión suya como colegial? En confianza, no, Dr. Fernández. En tales ocasiones, no está Ud. abordando asuntos profesionales o colegiales por el bien común corporativo y social. Está emitiendo opiniones ideológicas o políticas que deben quedar restringidas a su propio ámbito personal.

El Código de Deontología Médica (CDM), preciado referente de nuestras actuaciones profesionales. He aludido al debate entre ciencia, libertad de prescripción, ética médica y autonomía del paciente. Referido al ámbito del EMNC, he aquí el auténtico núcleo duro de todo este asunto. Considero ahora relevantes los dos primeros párrafos de su Artículo 26:

 1.- El médico debe emplear preferentemente procedimientos y prescribir fármacos cuya eficacia se haya demostrado científicamente.

2.- No son éticas las prácticas inspiradas en el charlatanismo, las carentes de base científica y que prometen a los enfermos la curación, los procedimientos ilusorios o insuficientemente probados que se proponen como eficaces, la simulación de tratamientos médicos o intervenciones quirúrgicas y el uso de productos de composición no conocida.

Una interpretación sesgada pretende reducir la ética del ejercicio médico al solo patrón oro de la mal llamada evidencia científica3. La misma interpretación quiere despojar de ética médica primero y eliminar después todo procedimiento insuficientemente probado por la vía de la asimilación a charlatanismo, simulación, “engaño a los pacientes”. Esto se parece horrores a la campaña indiscriminada en la que sigue Ud. prodigándose, Dr. Fernández4. Según esta insostenible interpretación, y como solo una pequeña parte del ejercicio médico convencional puede aportar suficiente evidencia, la mayor parte del ejercicio médico globalmente considerado carecería de ética, al basarse no en la ciencia sino en “creencias, convicciones, ideologías…”. Casi toda la medicina sería charlatanería, simulación, engaño. Un disparate. Preferentemente, Dr. Fernández, no exclusivamente.

Diario Médico, uno de los aliados mediáticos contra el EMNC. Hace semanas, su directora  publicó el artículo ¿Quién dicta la deontología?5, refiriéndose a notables en el proceso de debate y actualización del CDM promovido por la OMC, actualmente vigente. Entre otras cosas, leemos lo que me parece un destello racional en tiempos de tinieblas (el subrayado es mío):

Por la trascendencia del asunto, y sus implicaciones, deben ser médicos de prestigio profesional y expertos en deontología profesional y ser representativos de las diferentes especialidades médicas así como de las diferentes ideologías y creencias, por tratarse los médicos de un colectivo muy heterogéneo

A mayor (y anterior) abundamiento, hace diez años expresé que carecer de base científica no priva necesariamente de ética a ningún ejercicio médico6. De aquel artículo, en el que analizaba los aspectos éticos y legales del EMNC, la OMC en su sitio oficial y Ud. mismo en intervenciones públicas han tenido a bien entresacar argumentario en su literalidad para utilizarlo en su contra7. De igual forma, quizás podría considerar ahora, Dr. Fernández, lo que también expresé allí: que sería prudente conceder al EMNC un margen de confianza ética similar al que dispone el ejercicio médico convencional, mientras aspira a (y trabaja decididamente por) su validación científica. A mayor concreción, propuse que se tuviera en cuenta la opinión de los profesionales del EMNC en ulteriores actualizaciones del Código, de modo que su ejercicio profesional no quedase éticamente amenazado, descalificado por la sola limitación de su base científica.

La amenaza crece, la descalificación se amplifica y ejecuta. El EMNC está no solo éticamente amenazado, también profesionalmente. Aunque resulte menos aparente, también lo está el ejercicio médico convencional tal como lo conocemos, puesto que lo está la libertad de prescripción médica. La misma por la que la propia OMC tanto ha batallado justamente. Por la errónea, injusta identificación de la medicina empírica (la mayor parte de la medicina en todos los tiempos, actuales incluidos) con el charlatanismo. Por la ampliable asimilación de multitud de actuaciones médicas actuales, carentes de suficiente base científica, con “procedimientos ilusorios”. Por la futurible y odiosa robotización del médico, a quien solo se le permitiría hacer lo que dictaminen los prosélitos de una “omnis-ciencia” con intereses prioritarios muy alejados de la salud de las personas.

Llevada esta actitud, considerada desde ámbitos también convencionales de perfil inquisitorial, a sus últimas consecuencias, se deberá expedientar a cualquier médico cuyo ejercicio no se ajuste a esta “ética” médica parasitada por la omnisciencia supremacista. Se le podrá denegar su validación periódica colegial si una comisión deontológica lo decide -y con ello inhabilitarle profesionalmente, por cualquier ejercicio ilusorio sin suficiente base científica. No es difícil imaginar quién decidiría qué, quién y cuándo será suficiente. Y en esas estamos: mientras muchos piden el beneficio de la duda para el EMNC honesto hasta disponer de más estudios e investigación8, otros se aprestan a su eliminación. No debería mantener la OMC esta insensata acción fratricida indiscriminada con tan precarias justificaciones racional, deontológica y ética, Dr. Fernández.

Si la medicina fuera o tuviera que ser solo ciencia, bueno. Pero ni lo es ni tiene por qué serlo. La medicina es ciencia, sí, definitivamente, pero también conciencia del médico, arte, respeto por los valores y creencias de los pacientes, amén de toda una serie de prácticas, conocimientos, aptitudes, actitudes, habilidades, recursos y utilidades al servicio de la salud y la enfermedad de las personas que ni rinden ni tienen por qué rendir cuentas a una ciencia incapaz de fundamentar éticamente sus propios actos. Cuánto menos las actuaciones médicas. No obstante lo cual (quizás debido a ello), tenemos que atestiguar el vano intento de imponer el criterio de una ética médica absolutamente sometida a una ciencia sin credibilidad absoluta.

El tiempo apremia. Debe quedar quizás menos de un año del plazo que abrió la OMC para la actualización del CDM. Como colectivo profesional, tenemos la oportunidad de,

  • renunciar a interpretaciones sesgadas del articulado referente a la ética médica, en particular el 26.2, que pretenden justificar actuaciones. Inicialmente la eliminación del EMNC pero, en un segundo tiempo y con los mismos “argumentos”, la eliminación debería ser extensible a cualquier ejercicio médico que no se ajuste a tales interpretaciones,
  • o, mejor aún, actualizar su redacción en forma meditada, interdisciplinar, consensuada en base a los más elevados (y actualizados) criterios legales, deontológicos y éticos, de modo que nadie pueda nunca utilizar interesadamente el CDM contra la profesión colegiada.

Como sabe la opinión pública, las actuaciones de la OMC contra el EMNC se han concretado, entre otras, en la revocación de una de sus modalidades como acto médico; la negativa a acreditar (en ocasiones, simplemente permitir) en los colegios de médicos actividades de formación continuada en técnicas complementarias e integradas, a pesar de su reconocida necesidad y demanda; la fulminante, unilateral eliminación de comisiones y grupos de trabajo en los mismos colegios a los que se está obligado a pertenecer, y diversos expedientes en curso contra colegiados.

En resumen, Dr. Fernández, la ciencia como instrumento de conocimiento, no como juez de actuaciones médicas ni de su ética. La OMC al servicio de la legalidad y la protección sanitaria de la población, siempre, pero también valedora de una deontología no segregacionista, inclusiva de todo ejercicio médico honesto. Las declaraciones de nuestros representantes desde sus dignos cargos, esperadas y reconocidas cuando vienen inspiradas por una voluntad de servicio profesional, colegial y social, resultan perfectamente prescindibles como opiniones personales de perfil político o ideológico. Si, además, tales opiniones personales cristalizan en acciones que perjudican u ofenden a colegiados y a usuarios, son reprobables ambos, opiniones y su autor.

Finalmente, es tarea de toda la sociedad en su conjunto, y de nuestra colegiatura médica a la cabeza, la promoción de la autonomía y responsabilidad sanitarias de una población libre (no condicionada), responsable (no consentida), informada (no atemorizada) y legalmente protegida (no azuzada a la denuncia) en el uso de los recursos sanitarios disponibles, desplazando al mucho y muy rancio paternalismo residual disfrazado de supuesta protección de los pacientes.

Cuídese, Dr. Fernández.

Con todos mis respetos,

 

Marino Rodrigo

Médico Colegiado 313104259

Noviembre de 2017

 

Referencias

1http://www.medicinanaturista.org/images/revistas/mn11-1.pdf

2http://www.diariomedico.com/2017/09/22/area-profesional/sanidad/la-omc-muy-critica-y-decepcionada-con-el-abordaje-politico-de-las-pseudoterapias

3http://www.cgcom.es/noticias/2017/03/17_03_27_observatorio_contra_pseudociencias

4(…) y evitar caer en manos de los ‘charlatanes’ que las practiquen, aunque, en ocasiones, sean médicos u otros sanitarios. http://www.cgcom.es/noticias/2017/10/17_10_24_pseudociencias_pseudoterapias_intrusismo_y_sectas_sanitarias

 

5http://www.diariomedico.com/2017/09/09/opinion-participacion/reflexiones-en-el-ave/quien-dicta-la-deontologiar

6 Aspectos éticos y legales de la práctica médica no convencional. Puede leerse en: http://homeopatiaahora.blogspot.com.es/search?q=marino+rodrigo&updated-max=2010-04-21T17:57:00%2B02:00&max-results=20&start=7&by-date=false

7En un análisis crítico de las TTNC, el Dr. Fernández Torrente aludió a la ausencia de un campo asistencial delimitado, a la “notable fragmentación” de técnicas y procedimientos; a la “incertidumbre como condicionante de sus actuaciones asistenciales ante la escasez de evidencias científicas que la avalen”; a la “carencia de controles de calidad internos y externos”, objetivos y contrastables en lo referente a los aspectos asistenciales, docentes y formativos; a la formación fluctuante, “escasamente estructurada y generalmente no acreditada” y a la interacción con la comunidad científica “puramente anecdótica”. Y precisó que es en este contexto de “incertidumbre científica, de diversidad de competencias profesionales, de heterogeneidad de la práctica y de escasez de controles de calidad de su actividad” (…) En http://www.medicosypacientes.com/articulo/dr-fernandez-torrente-evidencia-la-gran-paradoja-de-que-exista-una-regulacion-de-productos

8Debemos ampliar o intensificar la investigación en una serie de problemas y áreas de la salud que son objeto de preocupación o expectación social: medicinas alternativas, (…).En ¿Por qué?, ¿para qué? y ¿cómo? investigar desde la Ética y la Deontología Médica. Dr. Jacinto Bátiz, presidente de la Comisión de Deontología Médica del Colegio Médicos de Bizkaia y miembro de la Comisión Central de Deontología de la Organización Médica Colegial. 03/11/2016. Enlace: http://www.medicosypacientes.com/opinion/dr-batiz-por-que-para-que-y-como-investigar-desde-la-etica-y-la-deontologia-medica